
Julián Schweizer está de vuelta en el Longboard Tour de la WSL. A los 28 años, y con una trayectoria que incluye dos títulos latinoamericanos, tres campeonatos nacionales y varias medallas panamericanas, el uruguayo selló su regreso a la máxima categoría del surf mundial.
La clasificación se dio en enero durante el QS internacional de Filipinas, donde Schweizer finalizó en la novena posición. Al no haberse disputado un circuito regional en Sudamérica en la temporada pasada, la plaza continental se otorgó a los competidores con mejor desempeño en dicha cita, lo que terminó confirmando el cupo para el uruguayo por ser el sudamericano mejor posicionado.
Con el debut fijado para el próximo 25 de julio en Huntington Beach, conversamos con Julián en la previa de su viaje sobre el cambio de planes que significó la noticia, la estructura de su equipo de trabajo y la madurez con la que encara esta etapa de su carrera.
¿Cómo te enteraste de tu clasificación?
Al QS internacional en Filipinas fui a buscar la clasificación directa, ya que repartía dos cupos para el Longboard Tour. Quedé a dos pasos de la final y sin la clasificación. Siento que no hice un mal campeonato, pude avanzar varias rondas y demostrar mi surfing. pero me hubiese gustado avanzar más.
La temporada se terminaba, y no había eventos regionales confirmados, entonces me imaginé que había la posibilidad de que el cupo nos lo dieran a los mejores sudamericanos de ese evento, que éramos María Fernández y yo.
Como esas decisiones terminan siendo políticas, no me hice ilusión. Pero era una chance. Fue el comisionado del tour mundial de longboard que me mandó una carta hace unas semanas, diciéndome "estás clasificado al tour por el evento de Filipinas. Nos vemos en Huntington”.
¿Qué sentiste cuando recibiste la noticia?
Más allá de la felicidad, que no depende de tener un resultado o no, lo que sentí fue motivación.
Automáticamente cambiaron los planes y los objetivos para este año. Al otro día de recibir la noticia, me reuní con mi equipo de trabajo, para dejar todo planificado y tener un mapa hasta julio del año que viene.
La parte de planificación es la más aburrida y requiere trabajo. Fue una semana bastante estresante.
Ya habías clasificado al World Longboard Tour en 2017. ¿Qué significó eso para vos?
Haber clasificado al tour en 2017 fue un antes y un después para mi carrera y para cómo me veía mi entorno. Yo había estado viviendo en Costa Rica un par de años, dedicándome cien por ciento al deporte, pero normalmente los resultados tardan en llegar.
Mi viejo me había dicho: "Bueno, capaz que tenés que volver a Uruguay, ponerte a estudiar y tener una vida un poco más normal". Ese campeonato en Taiwan fue el gran punto de quiebre. A partir de ahí, el mensaje de mi familia fue “dedicate a surfear, seguí metiéndole".

Un jovencito Julián Schweizer en 2017 haciéndose camino en la elite del longboard.
Después de ese gran arranque, ¿cómo continuó tu camino en el circuito mundial?
En 2018 tuve un muy buen primer año, pero para el siguiente el enfoque del Longboard Tour cambió hacia un criterio tradicional.
Hubo una reestructuración donde el circuito se abrió y se volvió a cerrar con menos competidores, y ahí me tocó quedar afuera por un cupo.
Lo positivo fue que ese cambio coincidió con el ingreso del surf al ciclo olímpico, lo que me permitió poner el foco en los Panamericanos y Sudamericanos. Aunque ganar medallas en esos eventos fue muy importante, volver al tour mundial siempre se mantuvo como un anhelo.

Schweizer representando a Uruguay en el mundial de la ISA 2025.
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Hoy por hoy, ¿cómo te preparás para este nivel de competencia y cómo es tu estructura de trabajo?
El surfing cambió; antes era más amateur y hoy los surfistas de competencia somos atletas de alto rendimiento.
Fui parte de la generación que dentro de esa búsqueda se fue transformando. A los 17 años me fui a Costa Rica buscando un entrenador, y fue a partir de ahí que empecé a armar un equipo alrededor de mi carrera.
Hoy cuento con Francisco Pérez del Castillo como head coach, Sergio Magnani en la preparación física, Gabriel Gutiérrez en la psicología y Nico Laprida en recuperación y fisioterapia.
La preparación que tengo ahora hace que uno tenga más confianza en lo que va a hacer
¿En qué cambió tu mentalidad respecto a aquella primera vez que entraste al circuito?
La motivación es la misma que al principio, pero hoy la acompaño con experiencia. Uno empieza a valorar más el sacrificio que lleva cada resultado.
Al estar más maduro y tranquilo, en otro momento de mi carrera y de mi vida, lo voy a disfrutar más.
Obviamente todos queremos ganar, pero mi objetivo real es mostrar mi mejor versión en cada uno de los eventos. Estoy seguro de que si lo logro, eso puede traducirse en buenos resultados. Y si no se da, me quedo tranquilo de saber que di todo.
¿Cómo ves tu surfing con respecto al criterio de juzgamiento?
Vengo de la escuela high performance, pero con los años adapté mi surfing a un estilo más clásico. Hoy en día todo mi quiver son tablas más tradicionales.
No son logs 100 por ciento clásicos, sino que son híbridos, que es lo que se busca hoy en día. Son tablas de una sola quilla, sí; son pesados, sí. Pero tienen un poquito de rocker, algunos tienen filo. Es como un híbrido entre high performance y tradicional. El equipamiento es muy importante; cambia mucho en cómo se ve tu surfing
El longboarding actual no es cien por ciento como el de los setenta o los ochenta, también porque el deporte ha ido evolucionando.
Sería tonto surfear con una tabla que me haga la vida más difícil. Los longboard tradicionales modernos te hacen las cosas más fáciles.

Un cierre de Julián Schweizer durante los últimos Panamericanos.
Viendo las competencias, también se ven maniobras progresivas.
Es que el longboard tradicional no quiere decir que sea solo caminar. Es usar toda la tabla. Obviamente es hacer buenos hang five y hang ten cuando llegás a la punta, pero también hacer maniobras de riel.
Esa es una de las ventajas que tenemos en general los longboarders que venimos del mundo high performance, que sabés muy bien cómo doblar los tablones.
Cutbacks, drop knees, cierres, no dejan de ser maniobras tradicionales. También depende del approach que uno tiene. Si vos vas a meter un palo a las 12 como si fuera un shortboard, eso no te lo van a pagar, pero si acompañas el labio y caés hacia adelante y es funcional a lo que te pide la ola, sí es una maniobra tradicional.
En otra entrevista contabas que no te sentís talentoso, sino trabajador. ¿Sentís que tu estilo está marcado por la constancia?
No creo en el talento por sí solo para ninguna disciplina. Obviamente hay personas que tienen más facilidad para unas cosas o para otras.
Pero lo que sí siento que tuve como ventaja es que siempre supe lo que quería, el camino a seguir, y a raíz de eso planificaba, entrenaba e iba cumpliendo mis objetivos, para cumplir otros objetivos más grandes.
En el surfing de hoy en día podés ser muy bueno naturalmente, pero si no lo combinás con entrenamiento, seguramente no llegues lejos.
Y ojo, entrenar no es solo ir al agua, es poder planificar de forma integral y tener objetivos en lo físico, lo mental, técnico y táctico. Todo esto a la larga se termina traduciendo en confianza a la hora de ir al agua.
No me considero talentoso, sino alguien que trabaja. Es como ir a la universidad y tener que rendir un examen de una materia dificilísima. Para eso vas a tener que estudiar, prepararlo, sacar apuntes, repasar, leer. Esto es igual si yo quiero llegar a este campeonato de la mejor manera.

¿Cómo fue que elegiste el longboard? ¿Te gustaba desde chico?
Empecé a surfear en shortboard como la mayoría de los niños. Lo que me pasó es que en 2013 clasifiqué a un mundial de longboard de la ISA en Huanchaco. Ese año fue el único que hubo una categoría junior.
Cuando fui a competir ahí, tuve la chance de representar a Uruguay, y sobre todo de ver la escena del longboard mundial. Y dije: "Esto es lo que quiero hacer".
La mayoría de las personas que vi y me inspiraron a seguir en longboard son con los que ahora son mis competidores directos, o personas muy amigas, como Piccolo Clemente o Ben Skinner, Taylor Jensen, Tony Silvagni.
El longboard es la disciplina que le ha dado medallas a la selección uruguaya en los últimos años. ¿Qué sentís con eso? ¿Te enorgullece?
Uruguay es un país muy bueno para el longboard. Para surfear en tablas largas no necesitás demasiadas olas y eso es una ventaja. Por otro lado, muchísimos surfistas tienen un longboard en el quiver, o en algún momento longboardearon, eso no en todos los países pasa.
Además se han sumado chicas como Inés Beisso y Marcela Machado, que también ayudan a empujar el deporte.
Sumado a eso, que aparezca una figura que se destaque con resultados internacionales, destapa un poco el deporte y le da chance a otras personas a poder soñar con obtener esos resultados. Y a ver ese camino como algo posible.
En Uruguay hoy hay varios posibles buenos longboarders en formación. Hay una generación de jóvenes que están longboardeando bien, y eso no es casualidad. Hoy estamos en el top 10 en la ISA, sin ser una potencia.

Julián Schweizer en el Uruguay Long Festival, la etapa del LQS en Bikini, una de las mejores olas para hacer longboard Uruguay.
¿Un momento de tu carrera que destacarías?
La primera clasificación al tour mundial. Por todo lo que significó, sobre todo a nivel personal y familiar. Pasé de ser alguien desconocido a empezar a hacerme un nombre a nivel nacional e internacional.
¿Qué le dirías hoy a aquel Julián de 18 años que recién estaba empezando?
Lo felicitaría… pero más que felicitarlo, le agradecería por permitirse soñar.
La verdad es que todas las cosas que he ido logrando son mejores de las que me hubiese imaginado. No solo en el ámbito deportivo, sino en todo lo que se fue generando alrededor.
Creo que lo más importante es que todavía siento que tengo muchas más cosas por lograr. Y ojalá que sean mejores de las que me estoy imaginando.
¿Algo que quieras agregar antes de cerrar?
Agradecer a mi familia. A mi equipo de trabajo, y a mi esposa que me acompaña en todo este viaje, a mi hermana, mis viejos y los amigos que están apoyando día a día.
Son el primer frente de batalla que me ayuda a encarar todas las situaciones. Y también a mis sponsors que gracias a ellos hoy en día puedo tener una carrera enfocada al deporte.