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Charlamos con Francisco «Chifle» Pérez del Castillo

Bruno Aguilar
Lectura: 14 minutos

Francisco Pérez del Castillo, también conocido como Chifle, ha sido una de las figuras más activas del surf en Uruguay. Shaper de Master Surfboards, entrenador de surfistas profesionales y con una larga trayectoria dentro de la Unión de Surf del Uruguay (USU). En esta entrevista, nos cuenta cómo nació su marca, su filosofía a la hora de hacer tablas, su visión sobre el surfista uruguayo y los desafíos que enfrenta el deporte a nivel nacional e internacional.


El "Chifle" en una sesión de entrenamiento de surf.

¿Cómo fueron tus primeros años en el surf?

Empecé alrededor de los 10 años. Tenía un amigo dos o tres años mayor que yo, que tenía una casa en Punta Ballena, y él hacía surf. Tenía unas tablas rotas y sin quillas, y las usábamos para tirarnos por unas bajadas de pasto.

A los 12 o 13 años le compré una tabla Salitre a Rodrigo Temesio, era súper fina y angosta. Así empecé a surfear en la 12, en la Brava, en los veranos. Yo vivía en Montevideo. Pasaron años en los que no entendía muy bien lo que estaba haciendo. No te cruzabas mucho con surfistas.

Durante mi adolescencia fui un surfista de verano. También hacía otros deportes y no tenía amigos que surfearan, pasaba muchos meses sin entrar al agua.

A los 23 años me hice una hernia de disco jugando al rugby, y eso fue lo que me hizo dedicarme más. Empezaba a venir más a Rocha y Maldonado, algún viaje a Brasil. Tenía más grupos de amigos que surfeaban. Era un surfista de fin de semana.

¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte a las tablas?

Yo estaba en Montevideo, había dejado un trabajo que tenía que ver con lo que había estudiado, en el rubro del campo. Yo estaba dispuesto a cambiar radicalmente mi estilo de vida, y se dio una oportunidad de trabajar en Wetworks, una fábrica de tablas de surf que se había instalado en Las Toscas.

Primero me fui a Río de Janeiro a trabajar en la fábrica de Ricardo Martins, que era uno de los socios. Mi tarea no era shapear, era controlar la producción y que las tablas salieran lo mejor posible.

Yo me quedaba después de hora para darles una mano para terminar los shapes: limpiando decks, bajando almas. Y ellos me daban piques. A medida que le fui agarrando la mano, me enseñaron a borrar bottoms, a hacer los bordes. Luego de un tiempo me fui de esa fábrica, con la cabeza puesta en que quería venir a vivir a Punta del Este, trabajando de cualquier cosa, en un banco igual, pero quería vivir acá.

¿Cómo nace Master Surboards?

Cuando yo estaba en Punta del Este, el que me arreglaba las tablas era Diego Curbelo, más conocido como el Fatiga. Entre esas llevadas a arreglar la tabla, nos quedábamos charlando. Él sabía que yo había estado trabajando en la fábrica, que tenía buenos piques y que estuve con gente de primer nivel.

Empezamos a intercambiar. El taller de él se llamaba Masterglass. Un día me dijo: "Loco, ¿por qué no hacemos tablas juntos? Trabajaste con todos estos shapers". Y yo no sabía si realmente iba a salir bien. Empezó como un hobby, de a poco. Empecé a mandar a cortar a las máquinas de Raglan y de Wetworks.

Él laminaba, yo shapeaba. Diseñaba en la computadora, mandaba a cortar, shapeaba la tabla, se la entregaba a él y él le ponía los copos, laminaba, lijaba, etc. Teníamos un consorcio en ese sentido. Siempre nos entendimos muy bien y hasta hoy en día trabajamos en conjunto.


Los comienzos en Master Surfboards.

¿Cuál es la filosofía de Master Surfboards?

No creemos en producir stock o grandes cantidades para vender a las tiendas, si bien lo hemos hecho alguna vez.

Intentamos sacar la tabla lo más customizada posible para ajustarse a cada surfista en particular. Nunca te garantiza nada, pero es lo que nos gusta hacer. Cada tabla que sale tiene un cliente que la está esperando. Eso, para mí, tiene mucho sentido.

Cuando vos hablás con una persona, le preguntás qué tabla usa, qué quiere, qué le gustaría mejorar, qué le cuesta hacer... Eso te permite hacer ajustes. En la teoría todo está muy lindo, pero en la práctica cada surfista es diferente. Lo que para uno puede funcionar, para otro no tanto.

Cuando alguien prueba una tabla y siente que surfea mejor, es una satisfacción enorme. Más que una venta, es la sensación de haber ayudado a alguien a mejorar su surfing. Es un proceso de aprendizaje constante, tanto para el surfista como para nosotros.


El "Chifle", creando.

¿Qué características clave debe tener una tabla para surfear en Uruguay?

Para mí, la tabla ideal en Uruguay para el día a día debe ser dos pulgadas más corta que tu altura, un poco más ancha de lo común, con un rocker medio, no tan chata, y obviamente no puede ser una banana, porque si no, no generás velocidad.

Debe tener un equilibrio entre peso y flex, buena velocidad y durar al menos dos años. No es tan fácil lograr eso.

Hacer tablas en Uruguay no es fácil por el tipo de olas y de surfistas que tenemos. Debe ser más difícil que en otros lugares del mundo, donde hay más constancia y fuerza de olas. Tenemos que hacer tablas para olas muy débiles, que funcionen bien en condiciones malas.


Una creación del Chifle.

¿Es posible tener una sola tabla o lo ideal es tener un quiver?

Lo ideal es siempre tener un quiver, al menos tres tablas. Pero creo que hay tablas o modelos que tienen un buen equilibrio y te permiten surfear la mayoría de los días. Hay algunas que funcionan para el 80 % de las condiciones en Uruguay y que luego pueden adaptarse a días más grandes, cuando entra un swell. No son las mejores para esos días, pero no te dejan afuera del agua.

Tenemos muchos clientes a los que les hacemos una sola tabla, y hay mucha gente a la que le gusta tener solo una. Me pasa hasta con algunos riders profesionales, que se encariñan con una tabla y les cuesta mucho cambiarla. Es algo personal. Yo siempre recomiendo tener un quiver: una tabla para olas chicas, otra para olas medianas y otra para cuando el mar se pone mejor.


Un quiver Master.

¿Cómo definirías el estilo del surfista uruguayo?

Creo que el surfista uruguayo tiene un gran mérito. Somos buenos surfistas en líneas generales, pero lamentablemente no tenemos las mejores condiciones. Si acá tuviéramos más constancia y calidad de olas, los mismos surfistas tendrían más nivel.

Somos surfistas con buena agilidad, sabemos mover la tabla rápidamente. A veces eso nos juega en contra, porque movemos demasiado la tabla y no sabemos surfear bien de línea.


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¿Qué creés que le falta a Uruguay para tener mejores resultados internacionales?

Estoy plenamente convencido de que lo que nos falta es más apoyo económico. No hay vuelta. Si nosotros pudiéramos viajar más, tener más roce competitivo y salir más, el nivel crecería. En el plano competitivo, lo más importante es tener ritmo de competencia, acumular muchos heats de alto nivel.

El problema es que siempre andamos cortos de guita. Es un tema grave, y no es solo del surf, sino de todos los deportes, incluso el fútbol. Tenemos pocos recursos económicos. Lamentablemente, es la idiosincrasia del país en cuanto al deporte. No hay una política deportiva importante, y eso afecta a nuestros atletas, no solo a los surfistas.

La falta de estructura también es un problema. Nosotros recién ahora estamos empezando a salir de forma más organizada a competir afuera. Durante muchos años, eran casos aislados, como Marco Giorgi en los QS o Luisma Iturria en los ALAS. Después salieron los hermanos Madrid. Eso antes no existía.


En el mundial de Puerto Rico 2024.

¿Qué importancia tiene el circuito nacional en este sentido?

Existen dos grandes corrientes sobre cómo deben hacerse las cosas. Por un lado, está la visión más tradicional, que prioriza el circuito nacional y las competencias locales. Con este enfoque, para formar una selección se le da importancia al rendimiento en el circuito local, favoreciendo a quienes compiten en él.

Por otro lado, hay una visión más moderna, impulsada desde el Comité Olímpico, que pone el foco en el alto rendimiento. Para clasificar a los Juegos Panamericanos o a los Juegos Olímpicos, se necesita más roce internacional y competencia de alto nivel.

El gran quiebre de hoy está entre quienes creen que hay que apoyar el circuito nacional y quienes, si bien lo valoran, consideran que lo más importante es que el atleta se profesionalice, invierta en su carrera, viaje, compita afuera y evolucione en ese ámbito.

Es evidente que el circuito nacional es la base de todo. Sin una base sólida, no se pueden desarrollar atletas que luego representen internacionalmente. No es una cosa o la otra.

Si observamos lo que hacen otros países, ninguno toma el circuito nacional como el único factor determinante para armar una selección internacional. Lo sé porque tengo contacto permanente con ellos y conozco cómo trabajan. Por ejemplo, el campeón peruano no es ni Miguel Tudela, ni Luca Messinas, ni Alonso Correa, pero ellos son los que representan a Perú en un mundial.


La última fecha del circuito uruguayo 24/25 en La Plage. Foto: Lecorch Photo.

¿Cómo ves la evolución de las nuevas generaciones de surfistas en Uruguay?

Ahí hay polémica. He escuchado de gente que sabe, y lo respeto, decir que antes en Uruguay se surfeaba mejor. Puede ser, yo no digo que no. Creo que es difícil comparar épocas, al menos para mí.

Tito Camblor acaba de ganar una medalla de plata en el Sudamericano, que es un logro bastante importante para el surf uruguayo.


La bandera uruguaya en un podio internacional. Tito Camblor fue medalla de plata en sub 14.

Para mí, cuando se declaró que el surf iba a ser olímpico en 2016, el deporte estalló en cuanto a estructuras competitivas en otros países. Además, se sumó el hecho de que las marcas que dominaban el surf mundial, como Rip Curl y Quiksilver, ya no lo dominan tanto, lo que generó una mayor equidad y cambió mucho el deporte.

Hoy el surfista es un atleta, y en ese aspecto nosotros perdimos. Para formar un atleta, tiene que haber un equipo de trabajo, mucha inversión. Se necesita un Estado, un comité olímpico o empresas privadas que los apoyen. Hoy, un surfista de élite tiene entrenadores, preparadores físicos, nutricionistas, psicólogos deportivos, médicos, fisioterapeutas y chequeos médicos para monitorear su estado físico. Para nosotros, ese cambio, donde ya no es todo "así nomás", nos cuesta un poco más.

Algunos países han tenido cambios radicales. Antes, en un mundial te tocaba un inglés y decías "bueno, capaz que la hago". Hoy te toca un inglés y estás lejos de la piñata. O un alemán, por ejemplo. Alemania ha clasificado atletas en todos los Juegos Olímpicos. Tienen estructura, financiación. Salen a reclutar atletas en todas partes del mundo. No solo eso, sino que arman un equipo, los acompañan en los circuitos privados como los QS y después los preparan específicamente para las olas clasificatorias a los Juegos Olímpicos. Es muy difícil competir contra eso.


Con la juvenil uruguaya Florence Romei-Brown en el mundial junior 2023, en Macumba, Rio de Janeiro.

Sobre tu participación en la USU, ¿cuánto tiempo estuviste y cuál fue tu rol?

Desde que empecé a vivir en Punta del Este, siempre me sentí cercano a la USU. El nexo siempre fueron los propios surfistas: el "Segu" Vargas, el "Patán" Olarte, Tanja Fernández, los que corrían con mis tablas en ese momento. Los acompañaba en los campeonatos, trataba de conseguir apoyo para que pudieran dedicarse más a competir.

Con el tiempo me empecé a involucrar, a conocer a la gente. Fui juez en los eventos y ahí aprendí mucho sobre la dinámica dentro de las carpas de juzgamiento, sobre cómo se organiza un evento. Luego empecé a acompañar a los surfistas en los campeonatos afuera.

En un momento la USU quedó sin nadie al mando. Alguien tenía que agarrar, así que junté a unos amigos y a algunos referentes que había. Tratamos de formar una USU con gente de todos los departamentos, y lo conseguimos, con una buena representación.

Todo es muy a pulmón, y a veces la gente no puede dedicarle mucho tiempo. Las directivas empiezan a mermar, también hay discusiones como en todo, y la gente se empieza a ir.

En la directiva de 2019 tuve un cargo más importante como secretario general, donde asumí más tareas. En ese período hubo un cambio de estatuto que nos pidió el Comité Olímpico, para que la USU, que tenía elecciones cada dos años, pasara a tenerlas cada cuatro. Eso hizo que tuviéramos que quedarnos cuatro años más hasta ahora.

Estos últimos dos años fueron los más difíciles. Los que estábamos ya no teníamos más energía para empujar, y es completamente razonable. Es bastante sacrificado. En este 2025 salí de la directiva después de estar ocho años, de los cuales seis fueron muy activos. Ahora hay un nuevo grupo de padres que están impulsando las cosas, con una nueva energía, con buena cabeza, y ojalá les vaya bien. Obviamente, estoy para apoyarlos en toda esta transición.


El Chifle con Marco Giorgi.

¿Cómo empezó tu rol como entrenador?

Hubo un año en el que teníamos buenos fondos para contratar entrenadores. La idea era traer un entrenador extranjero para elevar el nivel y que los surfistas llegaran con lo más moderno del surfing. Nos estábamos preparando para el Mundial de El Salvador 2020, y habíamos vuelto a convocar surfistas de afuera, como Marco Giorgi y Marcela Machado, para reforzar la selección.

El primer contacto que tuvimos fue con Martin Dunn, el creador de toda la base y la estructura del surf en Australia. Lo contacté, pero cobraba una fortuna, era inviable. Luego hablamos con Leandro Dora, que en un principio dijo que sí, pero justo ese año su hijo, Yago Dora, estaba compitiendo en el CT y no podía comprometerse.

En el interín, pegó el COVID. Volví a escribirle a Martin Dunn y le pregunté si tenía algún coach menor que nos pudiera recomendar, que cobrara un poco menos. Y el tipo me dice: "Bueno, ¿pero a cuántos mundiales fuiste?". Le empecé a contar mi experiencia, aunque siempre había ido más en calidad de manager, no como coach. Entonces me dijo que me pusiera a estudiar, que él tenía un curso online para hacer.

Desde hace siete años sigo estudiando con él, además he hecho cursos con Leandro Dora y en el Comité Olímpico.

Hoy en día me dedico bastante al entrenamiento. Tengo mi parte privada, donde entreno gente en Uruguay y afuera, y también trato de aportar a la selección nacional cuando toca.


Durante un curso con Leandro Dora, coach de Yago Dora y Jack Robinson, entre otros.

¿Qué nos podés contar sobre tu método de entrenamiento?

Trato de seguir la línea de lo que hicieron los australianos, que es un enfoque súper científico y estudiado. No hay que salirse mucho del libreto. Aunque cada atleta es diferente, la base del entrenamiento técnico es poder focalizarse en una cosa a la vez.

No se trata de querer mejorar todo tu surfing de una, sino de elegir un aspecto muy específico. Por ejemplo, si querés mejorar los bottom turns, dentro de los bottom turns hay diferentes elementos en los que se puede poner el foco. El video análisis es clave para eso: centrarse en un solo detalle y trabajarlo hasta perfeccionarlo.

En cuanto a la parte estratégica, tiene que ver con hacer una buena lectura del mar y hacer todos los deberes antes de competir: desde el mapeo de la zona de competencia hasta tener protocolos para la remada y definir cómo vamos a surfear.

Se trata de llegar al heat con todo bien estudiado y digerido, con una idea clara de lo que queremos hacer. Eso ayuda a entrar mucho más tranquilo, sin dejar que entren dudas.

También es importante tener una planificación del día. Hay todo un protocolo para llegar preparado al momento en que comienza el heat y para saber cuánto tiempo hay entre una serie y otra.


Sesión de coaching con juveniles uruguayos.

¿Qué significa el surf para vos?

El surf es una gran pasión, y he dejado muchas cosas de lado para seguirla. Para mí, es el deporte más lindo del mundo.

El contacto con la naturaleza es algo muy especial. Simplemente el hecho de practicar un deporte en las condiciones en que lo hacemos, con esa conexión tan directa con el mar, me parece una combinación explosiva.

Además, creo que el surf le hace bien a todo el mundo. En general, nadie sale del agua peor de lo que entró. Ni siquiera los que se pelean con alguien. En realidad, lo que suele pasar es que uno ya entra mal y termina peleándose, pero siempre que entramos al agua, salimos un poquito mejor.