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Surfiel Gil y la madurez detras de un nuevo podio panamericano

Bruno Aguilar
Lectura: 6 minutos

Nueve años después de su última medalla continental, Surfiel Gil volvió a subirse a un podio panamericano.

Consolidado como uno de los referentes del longboard argentino, el marplatense analiza su desempeño en este campeonato y el impacto de su nueva etapa personal al frente de Kikiwai.

Cómo la conexión con sus raíces y una mentalidad renovada lo llevaron a reencontrarse con su mejor nivel en el circuito internacional.

surfiel gil
Surfiel Gil clavando los cinco dedos en los Panamericanos de Surf. Foto: PASASURF.

¿Cómo encaraste este campeonato? ¿Con qué objetivos llegaste a la competencia?

Vine con una mentalidad distinta porque es un año diferente para mí. Estoy cambiando mucho en lo personal, en lo profesional y en lo laboral. Vine, primero, con la idea de disfrutar y de volcar todo lo que estuve aprendiendo estos meses.

Tuve un verano muy arduo: agarramos la gestión de Kikiwai y fue un trajín constante, pero el impacto positivo que logramos me dio una madurez que pude trasladar al evento. Logré llevar esa experiencia de gestión a lo que más amo hacer, que es surfear, viajar y competir.

¿Cuántos Panamericanos tenés encima con este?

Con este van a ser ocho, si no me equivoco. Y la última medalla que obtuve fue la de plata en 2017, en Punta Rocas, Lima. Pasaron nueve años, un montón.


El estilo no se negocia, imcluso en una semifinal. Foto: PASASURF

¿En qué notas más tu crecimiento desde aquella medalla en 2017?

Sobre todo en lo mental. Crecí física y emocionalmente, pero mentalmente logré conectar más conmigo mismo.

Aprendí a respetarme, a valorar mi tiempo y mi energía. Son cosas que hoy no negocio. En este mundo tan acelerado, tomarse un rato para bajar un cambio y reconectar es fundamental. A veces pensamos que hacer lo que a uno le conviene es ser egoísta; bueno, si tengo que ser egoísta a los ojos de los demás para elegir mi tranquilidad como prioridad, lo seguiré siendo.

Ganaste el heat de cuartos de final en el último segundo contra tres pesos pesados. ¿Cómo lo viviste dentro del agua?

Nunca perdí la fe. Sabía que estaba con tres surfistas experimentadísimos, como lo son Piccolo, Julián y Carlos.

Fue confiar en mí al cien por ciento, no bajar los brazos y agarrar muchas olas, con o sin prioridad, porque ellos no se duermen ni un milisegundo.

En la última ola se me dio la virada al primer puesto. Fue tanta la adrenalina que ni me percaté de que me habían dado un 6; yo pensé que había pasado segundo.


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En semifinales quedaste muy cerca de la final en un duelo con otro rival duro. ¿Te fuiste conforme?

El mar ya había cambiado y me tocó Kevin Skvarna, otro surfista muy experimentado, que compite en el tour mundial de la WSL. La estrategia fue la misma, pero el surfing tiene ese factor de subjetividad.

La diferencia entre 0.30 puntos dentro del agua puede ser indescifrable, incluso para los jueces. De todas maneras, estoy feliz. Más allá de no haber pasado a la final, que era lo que quería, disfruto el bronce de la misma manera.

Se vio un apoyo muy fuerte del equipo argentino en la orilla...

¡Estaban como locos! Cuando pasé, corrieron a abrazarme, me tiré al suelo y se me tiraron todos encima, hicimos un scrum. Es muy emotivo tener un equipo tan apasionado y alentador. Como dato curioso: cada vez que gritábamos por Argentina, el Apple Watch me avisaba que los decibeles eran demasiado fuertes.


La locura cuando terminó el heat de cuartos de final. Foto: PASASURF.

¿Cómo ha sido tu calendario este año y qué es lo que se viene?

Vengo de un segundo puesto en el ALAS de Uruguay y ahora se vienen los Juegos Sudamericanos, que tienen la subsede de surf en Mar del Plata. Me hace muy feliz que un evento de esa magnitud sea en mi ciudad. Después, en noviembre, tenemos el Mundial ISA en El Salvador, en la ola de El Sunzal.

Con toda una vida surfeando y compitiendo, ¿cuál es el motor para seguir?

Cuando uno quiere algo, más allá de que uno pueda pedir o implorar al universo para que suceda, uno tiene que visualizarse como si eso ya estuviera sucediendo. Me gusta recalcar el poder que yace en cada uno de nosotros: con confianza, fe y ganas, todo es posible.

¿Cómo vivís esta etapa al frente de la gestión de Kikiwai?

Kikiwai es donde crecí. Caminé esas piedras en patas toda mi vida, me las sé de memoria. Es un lugar que, quien no lo conoce, no se imagina lo que se puede llegar a sentir ahí; es un epicentro energético.

He visto gente que viajó por los mejores lugares del mundo llegar a Kikiwai y quedar maravillada.

Hoy me toca seguir el legado de mi viejo, que llegó y puso la bandera hace 62 años. Es el punto más emblemático del surf nacional: ahí se surfeó la primera ola en Argentina, el 3 de mayo de 1963.

¿Cuál es la impronta que le estás dando con esta nueva gestión?

La idea del proyecto fue ofrecer en Kikiwai lo que yo busco cuando viajo. ¿Qué me gusta encontrar a mí? Un café rico y orgánico, comida natural para reponerse después de surfear, un lugar lindo para relajar mirando el mar o una mesa para trabajar.

Queremos que el surfista tenga todo: guardería de tablas, clases, membresías... Pero sobre todo, formar parte de una comunidad que está todo el día mirando el mar y esperando el momento perfecto para meterse. Estamos logrando un impacto muy positivo en la comunidad y eso me pone muy feliz.


La vista desde nuestra surfcam en vivo en Kikiwai.

Tu infancia fue diferente a la de cualquier chico. ¿Cómo fue crecer en una familia apasionada por el surf?

Fue una bendición. Mi infancia fue correr en patas por la arena. Mientras otros querían irse de su casa para ir a la playa, mi casa era la playa. A los dos años ya dormía entre las tablas; de hecho, hoy el olor a parafina vieja me lleva directo a mi niñez.

Al principio le tenía miedo al mar, entraba llorando porque mi viejo me quería llevar al fondo. Pero un día nos clavamos de punta, me pegué un susto bárbaro, pero vi que no me morí y ahí perdí el miedo. A los 7 años gané mi primer torneo y a los 15, cuando salí quinto en el mundial Junior de Perú, supe que me iba a dedicar a esto.

Mis padres siempre me dieron para adelante en todas mis locuras. El agradecimiento hacia ellos es infinito.