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Respeto en el agua: Mujeres surfistas cuentan su experiencia

Bruno Aguilar
Lectura: 10 minutos

¿Ser mujer es un desafío extra a la hora de surfear?

Es verdad que el surf es un deporte desafiante y competitivo, sobre todo cuando hay crowd. Muchas veces uno llega a la playa con la intención de divertirse y agarrar algunas olas, pero termina encontrándose con un ambiente hostil. Esa situación puede atravesar a cualquiera, sin importar el género.

mujeres surfistas
Grupo de mujeres surfistas Chicas al Agua en Mar del Plata, Argentina.

Ahora, imaginate remar hacia el lineup y ser la única mujer entre veinte o treinta hombres. Esta es una situación habitual y puede tornar las cosas aún más difíciles. a pesar de que el surf femenino haya crecido en los últimos años. Por ejemplo, en Estados Unidos las mujeres representan un 35% de surfistas en el país, según el reporte de diversidad en el surfing de SIMA (Surf Industry Members Association)

En esta nota conversamos con cuatro surfistas de Argentina, Brasil y Uruguay para conocer cómo es su experiencia en el agua. Cómo empezaron a surfear, qué las inspira y cuáles desafíos han encontrado en el camino.

Priscila Blanco: entrenadora y amante del mar

Priscila vive en Punta del Este, donde combina su vida entre el entrenamiento físico y el surf. A través de su proyecto Con Respiración, ayuda a personas a mejorar su condición física con un enfoque en la movilidad y la prevención de lesiones. Además, compite en el circuito nacional de surf y recientemente representó a Uruguay en la Copa Río de la Plata.


Priscila surfeando en Punta del Este.

¿Cómo fue tu proceso al aprender a surfear?

Mi proceso se dio bastante natural, con amigas en La Paloma cuando era adolescente. No tuvimos que forzar nada. Un día alguien dijo: “vamos al agua”, fuimos una vez y nos enganchamos.

¿Cuáles son tus grandes inspiraciones en el surf?

Me inspira mi padre, que surfeó siempre, y es un gran ejemplo para mí. Mi madre también, que desde chiquita siempre me llevó al mar y gracias a ella siempre tuve ese contacto. Después lo que más me motiva es conocer otros lugares, encontrar olas donde pueda tener una sesión más tranquila, con menos gente. Y siempre superarme, intentar surfear cada día mejor y disfrutar.

¿Qué desafíos has enfrentado en el agua por ser mujer?

Lo que siempre ha pasado es que somos pocas en el agua. Por otro lado, el surf es un deporte competitivo, y siento que hay diferencia en cómo nos tomamos esa competencia. Entre nosotras somos mucho más compañeras, mientras que Los hombres son más competitivos, y se nota la energía.

Me ha pasado muchas veces que se aprovechan en ese sentido. Calecitas, miles. Garrones, miles. También tiene que ver con la cantidad de gente en el agua, pero no es fácil estar en el agua y que te respeten. Muchas veces no decís nada, porque vas para disfrutar y no para andar explicándole a nadie que no te tienen que remar las olas.

Últimamente, parece que por ser mujer, si alguna vez garroneás, se nota más. Capaz que no es un garrón intencional, me ha pasado de ir en la ola porque era mi turno y la ola me tocaba a mí, y que por ser mujer me puteen más de lo normal.

No solo es con nosotras. Es como una pérdida de valores a nivel general. No importa si sos un niño o una persona mayor. Ya sea por la gran cantidad de personas en el agua, o por desconocimiento.

Al menos acá, en Maldonado, se siente esa energía bastante egoísta. Tengo muchas alumnas mujeres que vienen a entrenar conmigo y surfean, y algo que pasa es que no se tiran o se desmotivan por esta energía que hay.


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Agnes Dietrich: fotógrafa, surfista y uruguaya en Río de Janeiro

Agnes es una uruguaya de corazón brasilero. Vive en Río de Janeiro y habitualmente surfea en Arpoador, una de las playas más emblemáticas del surf carioca. Allí encontró su lugar, su comunidad y una forma de vida que la conecta todos los días con el océano, ya sea surfeando o sacando fotos.


Agnes en la clásica izquierda de Arpoador.

¿Cómo fue tu proceso al aprender a surfear?

Mi primera clase fue en 2015, en Praia do Amor, en Pipa. Pero la verdadera conexión con el surf apareció después, en Arpoador. Ese lugar lo considero mi hogar. Empecé con la escuela de Marcelo Bispo y después seguí con Surf Gloria.

Con la ayuda de ellos fui mejorando día a día y enamorándome más de este deporte. Es desafiante y a la vez terapéutico. Me hizo bien en muchos niveles.

¿Cuáles son tus grandes inspiraciones en el surf?

Admiro muchísimo a Bethany Hamilton. Su determinación y amor por el surf, incluso después de todo lo que vivió, me inspira todo los días a seguir mejorando. También soy fan de Filipe Toledo; lo vi ganar dos veces en Saquarema. Y me encanta el estilo de Lucas Chumbo y John John Florence.

¿Qué desafíos has enfrentado en el agua por ser mujer?

Surfear siendo mujer no siempre es fácil. Hay presión, especialmente al disputar una ola. A veces tengo la prioridad, pero los hombres se reacomodan estratégicamente para quedarse con la ola.

Si me ceden una y no logro entrar o me caigo, siento que me juzgan, como si yo no mereciera esa ola porque ellos la hubieran aprovechado mejor.

Hay quienes creen que por ser mejores o más fuertes, tienen más derecho sobre las olas. Incluso he visto actitudes agresivas, como arriesgarse a golpear a alguien antes que perder la ola.

Vero Aimonod: campeona uruguaya con experiencia en el agua

Vero fue campeona uruguaya en 2012 y vive en Punta del Este. Forma parte de una generación de mujeres que se metieron al agua cuando el surf aún era un territorio prácticamente solo para hombres.

Su recorrido refleja no solo la evolución del deporte, sino también la fuerza de quienes abrieron camino para las que vinieron después.


Vero Aimonod surfeando en Indonesia.

¿Cómo fue tu proceso al aprender a surfear?

Empecé en 1999. Casi no había mujeres en el agua. Existían tablas, sí, también trajes, pero la mayoría eran grandes o pensados para hombres.

Aprendíamos observando, esperando que alguien te prestara una tabla o un traje. Años después conseguí unas botitas y un traje usado que me quedaban bien.

A veces le pedía a un varón que me llevara la tabla hasta el agua. No era vergüenza de no saber surfear, era que se sentía raro, como si no fuera un lugar para nosotras.

A pesar de eso, muchas mujeres continuábamos y lo hicimos igual, con vergüenza, con deseo y con esa gran conexión que nos transmite el mar. Que sabíamos que solo ahí la encontrábamos.

¿Cuáles son tus grandes inspiraciones en el surf?

Me inspiran mis amigas. Ese grupo de mujeres surfistas que se alientan y se motivan en el agua. Me inspira escuchar un “¡dale que es tuya!”. Me inspira ver a una madre enseñándole a surfear a sus hijos, compartiendo esa pasión que se transmite de generación en generación.


Vero de backside.

¿Qué desafíos has enfrentado en el agua por ser mujer?

Siento que muchas veces tenemos que demostrar más para que nos tomen en serio. No siempre se respeta la prioridad. Existe esta idea de que los hombres, por ser más fuertes, pueden tomar olas que no les corresponden. A veces te subestiman, piensan que no vas a aprovechar la ola o que la vas a desperdiciar.

Hace poco viví una situación con un chico que no debía tener más de 18 años. Yo tenía prioridad en una ola, pero él me la tomó adelante como si nada. Su respuesta fue burlarse de mí con un gesto de “no te oigo” y salir del agua inmediatamente.

Es algo que nos pasa seguido y que muchas mujeres compartimos como tema de charla. Por otro lado, también es cierto que hay muchos hombres que respetan, que valoran y que alientan. Que entienden que la prioridad es una regla, no una cuestión de fuerza, experiencia o género.

Lore Cermesoni: marplatense, campeona de SUP y creadora de Chicas al Agua

Lore nació y vive en Mar del Plata. Es tres veces campeona nacional de stand up paddle y creadora de Chicas al Agua, un grupo de mujeres surfistas que fomenta el deporte y la pasión por el mar. Su conexión con el océano viene desde la infancia y sigue siendo el motor de su vida cotidiana.

¿Cómo fue tu proceso al aprender a surfear?

Nací en una familia muy playera, pasábamos cuatro meses todos los veranos en la playa, desde la mañana hasta la noche, disfrutando con amigos. Desde chica me la pasaba en el agua. Según mis primas y hermanos mayores, siempre buscaba manos que me llevaran al mar, y de más grande pedía que me acompañaran a patalear.

Esa conexión sigue viva. Hoy me siento una niña surfeando, como si se encendiera algo en mi alma. Me levanto y me acuesto pensando en las olas que surfeé y en las que voy a surfear. En momentos difíciles, cuando necesitaba relajarme, mi mente se iba a surfear las olas clásicas del Yacht. Ese lugar me hace sentir en casa.

Cuando empecé, no había escuelas ni instructores. Aprendíamos en la espuma, y cuando lográbamos pararnos, íbamos más atrás. Pero en esa época, agarrar una ola del pico era solo para los pro. Así que nos quedábamos en las olas más abiertas, hasta que con el tiempo empezamos a ganar territorio.

¿Cuáles son tus grandes inspiraciones en el surf?

Más que personas en particular, mi inspiración siempre fue el mar: su energía, su movimiento, el aprendizaje constante que me da cada ola. Con los años encontré referentes que admiro, pero lo que realmente me impulsa es esa sensación de libertad y conexión que siento en el agua.

¿Qué desafíos has enfrentado en el agua por ser mujer?

Hoy el surf es mucho más equitativo, pero en mis comienzos el mar era un mundo dominado por hombres. Cuando iba a playas nuevas o en viajes, me acercaba de a poco, con respeto hacia los locales, y siempre terminaba teniendo buenas experiencias.

Ahora es común ver escuelas, profes con alumnos y free surfers compartiendo el agua. Siempre vi el surf como un deporte individual que se maneja en grupo, con todo lo que eso implica: respeto, convivencia y orden de prioridades. Eso mismo tratamos de inculcar en Chicas al Agua.

Con mi hija Sol y todo el equipo de profes, siempre estuvimos en la misma sintonía: disfrute y respeto. En el mar, como en la vida, con una sonrisa todo se vive mejor.

Hoy tenemos la suerte de que las mujeres ocupamos un lugar de mayor igualdad en el surf. Nos lo fuimos ganando, y no hay que dejar pasar oportunidades para hacerlo valer. Al final, todos somos amantes del mar, y mejorar como surfistas va de la mano de mejorar como personas.


Chicas al agua: el grupo de mujeres surfistas en Mar del Plata. Conocé la nota que le hicimos a Lore aquí.


Como podemos ver, la diferencia entre los géneros en el surf se hace sentir. Mujeres más compañeras entre ellas, y hombres más competitivos.

Por otro lado, ellas son minoría en el lineup y tienen que esforzarse el doble para ganarse el respeto. Son más propensas a que les roben las olas, ya sea por una subestimación de sus habilidades o, quizás, porque si un hombre le roba la ola a otro, es más probable que termine en una discusión —y eventualmente, la cosa se ponga áspera.

Entonces, vale la pena hacerse algunas preguntas: ¿cómo es tu actitud en el agua con quienes te rodean? ¿Qué podés hacer en tu próxima sesión para que el mar sea un lugar más amable y respetuoso para todos? Al final del día, lo que hacemos en el agua también dice algo de quiénes somos fuera de ella.