¿Cómo se entrena la mente para surfear mejor? Rosario Ghilini es psicóloga deportiva, apasionada por el surf y ha trabajado con atletas de distintos niveles, desde juveniles de la selección argentina hasta quienes se enfrentan a olas gigantes. En esta entrevista nos cuenta cómo se trabaja desde la psicología deportiva para mejorar el rendimiento dentro del agua, y qué herramientas podemos incorporar —como la respiración, la concentración y el autodiscurso positivo— para surfear más presentes, con confianza y menos miedo.

Rosario Ghilini logró unir sus dos pasiones: la psicología y el deporte.
¿Cómo llegaste a especializarte en la psicología deportiva?
Estudié Psicología en la Universidad Nacional de La Plata y me recibí en 2009. Siempre me gustó el deporte, así que cuando empecé a escuchar sobre la psicología deportiva, me anoté en la especialización. Estudié en ABDA, uno de los posgrados más reconocidos en Argentina, e hice una diplomatura en el Instituto River Plate.
Siempre estuve vinculada al deporte: antes había hecho instructorados en fitness y aeróbica, y mi familia también tenía esa orientación, así que pude unir mis dos pasiones: el deporte y la psicología.
¿Cuál sería la labor de un psicólogo deportivo?
Lo que hacemos como psicólogos es escuchar la subjetividad del deportista, partiendo de que antes que nada son seres humanos. Escuchamos lo que le pasa a nivel individual, emocional y mental, y vemos cómo repercute en el rendimiento deportivo.
Muchas veces pasa al revés: el rendimiento no es óptimo y eso repercute en la persona. Como somos profesionales de la salud, trabajamos desde ahí: sí, optimizando el rendimiento, pero si no se trabaja lo personal y lo individual, es difícil.

Rosario en el curso Water Safety & Surf Rescue.
¿Qué papel juega la psicología en el rendimiento deportivo?
La psicología ayuda a optimizar el rendimiento y a mejorarlo. Hay deportistas que están en mesetas, que no logran avanzar, o que atraviesan frustraciones o inhibiciones en algún área. No se concentran, tienen baja confianza, un autodiscurso negativo, y eso baja el rendimiento. Ahí trabajamos sobre la confianza, la motivación, la concentración, según lo que esté pasando.
Por ejemplo, con adolescentes pasa que en los entrenamientos les va bien, pero en las competencias se ponen muy nerviosos. O con surfistas que, antes de que termine el heat, empiezan a aflojar porque se comparan con el de al lado. Se desconcentran y pierden el foco. Siempre les digo: “¡Remen hasta que termine el heat!”. Porque en uno o medio minuto pueden pasar un montón de cosas.
¿Podés contarnos algún caso en particular?
Estoy atendiendo a un chico que está en otro país. Le pasaba eso: se comparaba con el de al lado y dejaba de remar antes de que terminara el heat. Cuando empezamos a trabajar eso, empezó a tener mejores puntajes en los segundos finales. Más allá del resultado, se notaba la satisfacción por el buen desempeño.
También me pasó con los más chiquitos que estaban en la selección argentina, que tenían miedo a la escollera o a lo que podía pasar en el agua. Trabajamos sobre el miedo, que es algo recurrente en el surf. Miedo a las olas, al mar... Yo siempre les digo: no se anticipen a cómo va a estar el mar mañana. Porque si se adelantan con el pensamiento, no vivencian el paso a paso. Y la cabeza anticipa muchas veces de forma negativa.
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En cuanto al surf, ¿qué desafíos a nivel mental encontrás en este deporte?
Uno de los principales es estar en el aquí y ahora. El surf, por su naturaleza, te obliga —en el buen sentido— a estar presente. Pero muchas veces, en competencia, los deportistas se desvían. Empiezan a compararse, a pensar en el final del heat, y se olvidan del presente.
La confianza y la concentración son dos claves. Siempre les digo: respiren antes de entrar, observen el mar. Si tenés cosas personales sin resolver, no es que entrás al agua y todo se pasa... A veces sí, pero depende. Trabajar lo personal en consultorio te deja más liviano para surfear.

La importancia del momento previo a entrar al mar.
¿Qué herramientas pueden ayudar a un surfista antes de entrar al agua, ya sea en competencia o freesurf?
La respiración y la visualización. También poner en palabras lo que les está pasando, ya sea a nivel deportivo o personal. Porque por más que hagas respiraciones, si hay algo profundo que no está resuelto, eso sigue ahí.
El autodiscurso también es importante. Que lo que se digan a sí mismos sea positivo. Que el autodiscurso no empiece con un “no”.
Por ejemplo, cambiar el “no puedo perder” por “voy a dar lo mejor de mí”, “voy a demostrar lo que entrené”. Cuando conducís tu cuerpo y tu mente con pensamientos negativos, muchas veces terminás provocando eso que querías evitar.
Recién hablabas del miedo. ¿Cómo se puede gestionar y superar?
Primero hay que identificar si el miedo es racional o irracional. Muchas veces la cabeza crea escenarios que no son reales. Si el mar está muy bravo, bueno, ahí es un miedo real. Pero otras veces es anticipación.
Si es un miedo real, hay que ver cómo lo resolvemos: escribirlo, ponerlo en palabras, identificar qué es lo que da miedo. Muchas veces es el miedo al error. Y el error no es algo malo: es información.
Me gusta una frase que dice: “El fracaso enseña lo que el éxito oculta”. Nos da experiencia, nos muestra por dónde seguir. A veces te va bien en la vida, pero hay cosas que igual hay que seguir trabajando. No tenerle miedo al error, ni al ridículo. Aunque seas el mejor surfista del mundo, siempre hay algo para aprender. Porque somos personas.

La clave es tomar al error como información para aprender.
Para quienes están aprendiendo, suele haber miedo a dropear una ola. ¿Cómo se supera esa barrera mental?
Me acuerdo que una vez tomando clases de surf, la profesora me dijo que no mire la punta de la tabla, porque donde va la mirada, va el cuerpo. Y me pareció tan gráfico y real que nunca me lo olvidé.
Ahora, cuando voy remando, me aseguro de mirar la ola y no la tabla. Esa enseñanza me quedó y trato de transmitirla: no mirar la tabla. Porque donde ponés la mirada, va el cuerpo.
Siento que con la vida pasa lo mismo. Donde uno pone el foco, la energía y la atención, es hacia donde se dirige. Si es un proyecto, un cambio, lo que sea. Por eso me gusta pensar el surf como una metáfora de la vida.

El momento del drop es uno de los grandes desafíos cuando se está comenzando a surfear.
También está el desafío de superar los propios límites…
Sí, y muchas veces eso se logra tomando pequeños riesgos. Pero no riesgos de vida. Por ejemplo, animarse a ir un poco más atrás, agarrar una ola un poco más grande, dejar de surfear espumas e intentar una ola con pared.
La clave es ir evolucionando paso a paso, sin forzarse. Cada uno a su ritmo. Porque cuando uno se exige de más, aparece la frustración. A veces nos trabamos porque forzamos un límite que todavía no está listo para romperse.
¿Cómo se recupera la confianza luego de una mala experiencia en el agua?
Saber que el mar siempre va a tener situaciones adversas. A veces te revuelca, te da un susto. Si pasaste una mala situación, podés ir de a poco, no todo o nada. Reconocer tus límites.
Hay que saber registrar cuándo estamos cansados. A veces seguimos y no paramos, pero el cuerpo avisa. Me pasó con un chico que se fue a entrenar a otro país, y me decía que estaba todo el día en el agua, pero no le salía nada. Le dije: “Hacé más calidad de entrenamiento, no cantidad”.
Por sobreexigirse, el cuerpo dice basta. El descanso es parte del entrenamiento invisible. Cuando empezó a entrenar menos horas pero con más conciencia, le empezó a ir mejor. Estaba más descansado, con más claridad para tomar decisiones.
Mencionaste el descanso como parte del entrenamiento, algo que muchas veces se pasa por alto. ¿Qué nos podés contar sobre eso?
Muchos deportistas con los que trabajo nunca habían escuchado hablar sobre el entrenamiento invisible. Es todo lo que no se ve, pero tiene efectos concretos en el rendimiento: el descanso, la alimentación, la hidratación… y también la salud mental.
Les digo que una persona que descansa rinde diferente. Y muchas veces cuesta parar. Hay quienes no saben descansar o no saben tener tiempo de ocio. Pero es parte del entrenamiento: así como vas al gimnasio, también tenés que descansar.

El entrenamiento no se trata solamente de hacer actividad física.
¿Y el descanso mental? Con tanta tecnología, redes, celulares...
Sí, el tema de las redes se ve mucho, especialmente en la adolescencia. Pero también en adultos. Poder salir del celular, de las notificaciones, el mail… y volver a lo esencial. Leer un libro, escribir. Siempre les propongo que tengan un cuaderno de registro.
No es lo mismo escribir en papel que en el celular. Les pido que vengan a sesión con algo escrito, algo que hayan pensado. También que apaguen pantallas a una hora determinada, conecten con lo que les gusta, con la meditación o con algo que los relaje.
Vos también surfeás.
Sí, vivo en Mar del Plata hace cinco años. Empecé a surfear de grande, y es un deporte de ida. Me encanta. Me conecta con la naturaleza y es una satisfacción.
A todas las personas que conozco les digo que lo prueben, porque no se puede explicar con palabras. La sensación de agarrar una ola, de estar en el mar… no se puede explicar. Es como intransferible el sentimiento.

Rosario eligió la vida cerca del mar.
Habiendo estudiado y practicado otros deportes, ¿qué te parece diferente o de qué forma puede ayudar en la salud mental el surf en particular?
En mi experiencia, es estar en el aquí y ahora. Parece una frase hecha, pero es así. Cuando estoy en el mar, si estoy remando, esperando una ola o por agarrarla, no pienso en otra cosa que en lo que estoy haciendo. Nos conecta con el momento presente, y por eso uno sale tan contento del agua.
Después hay algo que veo que se trabaja, que es la paciencia. No todas las olas, no todo el tiempo. Esto de la pausa, la espera, la concentración y el disfrute. Lo que más veo, viviendo a una cuadra del mar, es que pasan los surfistas corriendo, van como entrando en calor. Es como si el mar los llamara. Esa adrenalina y satisfacción que da surfear y estar en el mar es única.
Hice handball y patín artístico, y esto es lo que más me conecta con el presente. También porque uno está en contacto con la naturaleza, y es otra cosa.
¿Cómo fue tu incursión en el mundo del surf como psicóloga?
Llegué a Mar del Plata y empecé a buscar clubes y lugares. Justo contacté con un coach que está en la Selección Argentina de Surf, y me convocó para hacer un trabajo con los juveniles.
Fui a una ONG en Santa Clara del Mar, que también me llamó por chicos que estaban atravesando determinadas situaciones. Siempre estoy en la búsqueda de lo que me gusta y me apasiona, y en este momento es el surf.
Después acompañé a otro surfista que corre olas grandes, y me apasionaba escucharlo hablar de su elección por las olas grandes. Me fui metiendo en el ámbito surfista. Hace poco estuve en el curso de Jet Rescue acá en Honu Beach. Vino gente de Portugal a hablar de Nazaré, y yo di la parte de psicología deportiva. Fue un curso integral: había apnea, RCP, psicología deportiva, pilotos de rescate… Estuvo muy interesante.

Durante el curso el curso Water Safety & Surf Rescue.
¿Dónde te pueden encontrar las personas para saber más sobre tu trabajo?
Tengo mi Instagram donde voy subiendo cosas. Hice entrevistas a deportistas. Viajé a Neuquén y entrevisté a Carolina Módena, que compite y entrena para aguas gélidas y abiertas, en natación.
También estoy dando clases de psicología deportiva en CEAF, que es un centro de educación física en Mar del Plata. Doy psicología deportiva a los distintos cursos.