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Los inicios del surf en Uruguay: pioneros unidos por el mar

Bruno Aguilar
Lectura: 6 minutos

A fines de los años cincuenta comenzó a gestarse lo que sería el surf en Uruguay. Vispo Rossi, guardavidas de la playa Pocitos, empezaba a construir sus primeros prototipos de tabla, movido por una intuición única, sin saber que el surf ya existía en otros países.

Entrados los años sesenta, en plena época del flower power y el auge del hippismo, un grupo de jóvenes encontró su libertad en el mar. Para la sociedad de entonces, aquellos muchachos caminando por la rambla de Pocitos con aparatos de dos metros eran auténticos bichos raros.


Surfistas en Pocitos, Montevideo, el lugar donde todo comenzó.

En más de una ocasión, la prefectura los sacaba del agua, y terminaban detenidos, tabla y surfista juntos.

En este post contaremos cómo estos pioneros dieron los primeros pasos del surf en Uruguay, desde las primeras tablas improvisadas hasta la llegada de la primera tabla hawaiana, y cómo sus historias marcaron a fuego el inicio de una cultura.

Omar “Vispo” Rossi y la semilla del surf

Antes de que el surf tuviera nombre en Uruguay, hubo un pionero que soñaba con deslizarse en olas. Considerado el padre del surf uruguayo, Vispo Rossi era un amante del mar por naturaleza y guardavidas en la playa Pocitos, Montevideo.

Corría 1952 cuando tomó la tapa de una mesa vieja e intentó deslizarse por las pequeñas olas de su barrio. Aquella improvisación marcó el inicio simbólico del surf en Uruguay.

En los años siguientes, Vispo siguió experimentando: construía sus propios prototipos de tablas con madera y lona, sin saber que estaba fundando una nueva forma de relación con el mar.


Vispo Rossi con una tabla de su propia confección.

Nuevas generaciones en Pocitos

En esa misma época, en Pocitos también vivían los jovencitos Ariel González y su cuñado Jaime Mier. En 1963, un encuentro fortuito cambió su destino: Ariel recibió la visita de un misionero mormón que traía varias revistas de colores, entre ellas la Surfer Magazine.

Al ver imágenes de surfistas californianos cabalgando olas perfectas, Ariel y Jaime quedaron fascinados. Impulsados por esa inspiración, empezaron a frecuentar las playas de Carrasco, practicando con tablas muy rudimentarias. Ariel cuenta en un documental que las usaban al mejor estilo skimboard: se ponían en la orilla y uno se paraba sobre la tabla mientras el otro lo remolcaba con una piola. Claro, solo conocían el surf por fotos.

Un día de tormenta, mientras caminaban por Pocitos, pensando cuándo sería el bendito día en que pudieran surfear con una tabla de verdad, vieron algo que no podían creer: un individuo corriendo una ola.

Era Vispo Rossi. De aquel encuentro nació una amistad que uniría sus historias para siempre.

Los jóvenes le contaron a Vispo sobre las revistas que habían visto, y allí, descubrió que en otros países —especialmente en el norte— existía un deporte muy popular que se parecía mucho a lo que él hacía por intuición, y tenía nombre: Surf.


Ariel González en el segundo campeonato rioplatense de surf en Mantantiales. 1971.

La primera tabla uruguaya

En 1964, la fábrica DASUR, dedicada a embarcaciones de fibra de vidrio, lanzó las primeras tablas de surf fabricadas en Uruguay. Eran largas, pesadas y costosas.

Ariel González, Jaime Mier y su amigo Yuri Povoski formaron una especie de asociación y compraron entre los tres, en cuotas, la primera tabla DASUR.

Morton Rothberg y la tabla hawaiana

La historia de los inicios del surf uruguayo se vuelve aún más increíble con la llegada de Morton Rothberg, estadounidense nacido en 1931 en Brooklyn. Luego de la secundaria se fue estudiar agronomía a Hawái, lugar donde conoció el surf.

En 1960, Rothberg llegó a Bella Unión, Artigas, para encargarse de una fábrica de caña de azúcar, llevando consigo dos tablas hawaianas, que se cree fueron las primeras tablas reales con las que se surfeó una ola en Uruguay.

En Bella Unión conoció a una profesora, hermana de Abner “Chiquito” Prada, joven amante del mar que tenía casa en La Paloma. La profesora presentó a Rothberg a una amiga, con quien se enamoró y se casó, mudándose a Paysandú, la misma ciudad donde vivía Prada.

Durante una visita a la casa del norteamericano, Prada vio la tabla hawaiana y preguntó qué era ese extraño objeto. Rothberg le explicó que servía para practicar un deporte que hacía en Hawái y que la había traído porque había visto en el mapa que Uruguay tenía una prometedora costa sobre el Atlántico. Prada enseguida le confirmó que en La Paloma había olas excelentes.

En 1961, Rothberg se deslizó por las pequeñas olas de Portezuelo, Maldonado. Pero fue en el verano de 1963, que Prada lo invitó a su casa de La Paloma. Allí, Rothberg surfeó las mejores olas del balneario: Los Botes, Zanja Honda y Corumbá.

Meses después, Rothberg tuvo que irse de Uruguay debido a la agitación política y los conflictos en la industria azucarera, dejándole de regalo la tabla a su amigo.


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Un nuevo encuentro crucial en La Paloma

Acá es donde se unen los hilos entre los muchachos de Pocitos y aquella tabla hawaiana. Ese mismo verano, Ariel González y Jaime Mier llegaron a La Paloma y escucharon: “¿Ustedes surfean? Hay uno surfeando en la playa del Faro”.

Se encontraron con Chiquito Prada surfeando con la tabla de Rothberg. Según el relato, las olas estaban con un tamaño bastante potente. Nunca habían visto a alguien surfear olas tan grandes, y encima en una playa con fondo rocoso como lo es El Faro.

Allí se generó un nuevo lazo de amistad marcado por las olas, y la comunidad del surf comenzó a crecer de a poco.


Ariel González, Morton Rothberg y Abner "Chiquito" Prada. Faro de La Paloma, 40 años más tarde.

Conociendo la costa uruguaya y los primeros campeonatos

Con el tiempo, más amigos se sumaron al surf. Las tablas DASUR se popularizaron y los surfaris hacia la costa atlántica se hicieron frecuentes.

En uno de esos viajes, el destino fue La Olla, Punta del Este, donde se encontraron con surfistas argentinos: Adolfo Cambiasso y Tano Pugliese, que ya veraneaban y surfeaban allí desde 1963 con tablas importadas de California.

Ese encuentro fue clave: marcó el puntapié inicial de los primeros campeonatos de surf en Uruguay, celebrados en La Olla y organizados junto a los argentinos, consolidando una tradición que aún hoy sigue viva.


Campeonato de surf en La Olla a fines de los sesenta.

Aquellos años fueron el punto de partida de una historia que seguiría creciendo durante las décadas siguientes.

El surf en Uruguay pasó de ser una curiosidad a un deporte con identidad propia, con generaciones de surfistas, shapers, escuelas y campeonatos que mantienen vivo el espíritu de aquellos pioneros.

Más de medio siglo después, el eco de esas primeras olas todavía resuena en las playas donde todo comenzó.