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Sunvalley: la historia de un ícono del surf uruguayo

Bruno Aguilar
Lectura: 7 minutos

Fundada en 1984 por Fernando Bessega, Sunvalley se ha consolidado como un emblema para varias generaciones de amantes del surf en Uruguay. Una historia que comenzó casi por casualidad en un pequeño taller de Montevideo, con los años se transformó en un surfshop de referencia en el país. También conocida como "La Cueva de la Felicidad, o "El Templo del Surf", por mucho tiempo fue el lugar donde el público podía acceder a productos que solo se veían en televisión o revistas. En esta nota, entrevistamos a Mariana, esposa de Fernando y actual encargada de la tienda, quien nos cuenta sobre los orígenes, el crecimiento y el legado de un emprendimiento que ha marcado la historia del surf en Uruguay.

Surgimiento de Sunvalley

Por la historia que me contó Fernando, fue casi de casualidad. Él volvió de Venezuela, donde tenía una fábrica de chapas de fibra de vidrio, y había patentado unas chapas de bronce que estaban de moda para colocar en distintos lugares de la casa.

Cuando regresó a Uruguay, montó un taller de elementos de fibra de vidrio y reparaciones en Montevideo, en un local que estaba en La Paz y Cufré, cerca de Tres Cruces. Por ahí, los amigos le llevaban las tablas de surf para que se las arreglara, y luego comenzaron a dejar sus tablas para vender allí. Así fue que empezó a surgir. En ese taller se armó un rinconcito con cosas para vender. Hacían leashes y parafinas, lo poco que se podía fabricar con el mercado uruguayo.


Imagen de aquel primer local.

En un momento vinieron a surfear a Punta del Este y vieron los locales del Opus Alpha. Pensaron que tener un local acá era la excusa perfecta para quedarse surfeando todo el verano y, de paso, vender algunas parafinas y hacer reparaciones. No tenían un mango, así que se juntaron entre cinco amigos para alquilar el local. En ese momento traían algunas cosas de Brasil.

Al año siguiente, como vieron que les fue bárbaro, Fernando hizo la primera importación de Estados Unidos junto a algunos de esos socios.


Los primeros veranos en Punta del Este.

¿Cómo era traer productos de Estados Unidos a Uruguay en esa época?

En ese momento, todo era novedad. Traían cosas buenas, que solo veías en la tele o en las revistas. No todo el mundo viajaba, e Internet no estaba desarrollado como ahora. Incluso para importar se comunicaban por fax. Había un gringo que les juntaba todas las compras, las metía en un contenedor y las enviaba. No había tanta oferta en el mercado, entonces le fue muy bien. Los noventa también fueron años muy buenos para Argentina, y siendo que tenían cosas exclusivas y de calidad, el negocio creció mucho y siguió así hasta ahora.

Me acuerdo que allá por el 2009 me compré un tech deck en el local de Benito Blanco y Pereira. Era el único lugar que los tenía.

Sí, en un momento los tech deck estuvieron muy de moda y ahora volvieron. Siempre seguimos trayendo. Tengo todavía un par guardados de esa época. Son una reliquia.

¿Cuál era la visión de Fernando con respecto a la tienda?

La idea de Fernando desde el principio fue ofrecer productos que no se consiguieran en el mercado local. Era viajar y mirar qué novedades había, para traer marcas y cosas que fueran diferentes a lo que se ofrecía acá. Esa fue siempre la esencia de Sunvalley.

Por ejemplo, nos destacamos mucho en las tablas de surf. Si bien hay muchos surf shops ahora y el surf ha crecido un montón, lo que siempre destacó a nuestra tienda es la variedad de tablas, sobre todo los longboards y tablas grandes. Trabajamos con Surftech, que tiene las marcas más vendidas de Estados Unidos y los mejores diseños (Aipa, Gerry Lopez, Channel Islands, Timmy Patterson, NSP, entre otras). Ahora hay más oferta, pero antes la gente venía buscando ese tornillito específico o productos que no se conseguían en ningún lado, y Sunvalley siempre los tuvo. Nos destaca la variedad y tener cosas únicas.


Difícil encontrar un catálogo de longboards así en otro lugar.

¿Qué crees que destacaba a Fernando como emprendedor y como amante del surf?

Como emprendedor, siempre buscaba algo diferente. Fue pionero en la búsqueda de cosas que fueran únicas y buenas. Era muy terco: si quería algo, no paraba hasta conseguirlo.

Dentro del surf, nunca fue una persona que buscara figurar en el ambiente. Para él, la esencia del surf era ir y disfrutarlo. Cruzaba a las cinco de la mañana, en un horario en el que no lo veía todo el mundo. Vivía el surf como una forma de vida, no como una competencia. Lo tomaba como algo que le hacía bien, y lo hacía todas las veces que podía. Siempre iba a La Olla, temprano y tranquilo. Para él, era parte de su vida, y lo disfrutaba así.


Fernando "El Flaco", disfrutando de una ola en La Olla, su ola.

¿Cómo fue para vos tomar las riendas de la tienda?

Para mí no fue un gran cambio. Nosotros trabajábamos juntos hace muchos años, la tienda ya era parte de mi vida. Las decisiones las tomábamos entre los dos, y en los problemas buscábamos soluciones juntos. En un momento me encontré sola encarando todo y lo tomé como un compromiso hacia lo importante que fue para Fernando. Sunvalley era como un hijo para él. No fue un gran cambio, pero sí una gran responsabilidad. Estar en el rubro del surf siendo mujer no es tan fácil; es un ambiente un poco machista, pero todo eso va cambiando. Hay que ponerle buena onda y seguir adelante.

¿Hasta hoy en día siguen importando ustedes?

Sí, de hecho, en breve nos llega el contenedor de este año. Seguimos con la idea que nos caracteriza, que es importar nuestros propios productos y trabajar con los mejores proveedores que podemos tener, para ofrecer calidad a nuestro público. Nuestros proveedores están todos en California.

¿Cómo es la relación con la clientela? ¿Tienen clientes de hace muchos años?

Sí. Hay muchos clientes veteranos que han acompañado al negocio toda la vida. Algunos vienen con sus hijos, y esos hijos ya traen a los suyos. Hay varias generaciones de clientes fieles que siempre confían en Sunvalley.

Hace casi 18 años que estoy en la tienda, y muchos clientes los conocí cuando eran niños y tomaban clases en la escuelita, Ahora vienen con sus hijos. Es muy loco ver ese cambio.

Contame un poco del Museo del Surf Uruguayo.

El museo es una idea que llevó a cabo Fernando. Tiene muchas tablas que fueron donadas, además de las de él y de su hermana Rina, que fue pionera del surf en Uruguay y la primera mujer guardavidas. Fueron juntando cosas que consiguieron con el tiempo: tablas antiguas, trofeos, afiches de eventos y campeonatos, fotos, recortes de diarios, libros y revistas de la época. Nunca ha estado abierto al público. La idea era conservar esos recuerdos, juntarse con veteranos o hijos de surfistas que querían ver las tablas o fotos de sus padres. Ahora, con la reforma, quedó armado en casa, pegado a la tienda. Es parte de la historia del surf uruguayo y un legado importante de Fernando.


Gran parte de la historia del surf uruguayo se encuentra en este rincón.

Está buenísimo que esté esa información reunida. Es una gran fuente para conocer los inicios del surf en Uruguay.

Sí, hoy tenemos mucha información sobre el surf internacional, pero es importante conservar la historia local. Ariel González, por ejemplo, ha contado mucho de los comienzos y ha escrito libros. Está bueno que se conozca y se difunda cómo surgió el surf en Uruguay, porque no siempre se le da la atención que merece.

Conclusión

Sunvalley no solo es una tienda, sino un legado que ha acompañado el crecimiento del surf en Uruguay desde 1984. Con su enfoque en ofrecer productos exclusivos y de calidad, ha logrado consolidarse como un referente para generaciones de surfistas. Hoy, bajo la dirección de Mariana, la tienda sigue siendo un espacio donde se mezcla la tradición con la innovación, y continúa siendo un punto de encuentro para todos aquellos que comparten la pasión por el mar y el surf.

Podés visitar Sunvalley en sus locales de La Barra y La Olla, donde también se encuentra la cámara para que chequees la ola en vivo.