En el invierno de 1985, en un pequeño garaje de Malvín, nació el primer traje de neopreno fabricado en Uruguay. Con una vieja máquina de coser Singer y mucha determinación, Pancho Flesh y su equipo dieron vida a una marca que cambiaría la forma en que los surfistas locales enfrentaban el frío. Así comenzó la historia de Flesh, una empresa que no solo innovó con diseños y materiales, sino que también se convirtió en un pilar del surf uruguayo. En esta entrevista, Pancho repasa los inicios, la evolución y el presente de una marca con más de tres décadas de trayectoria.

Fachada de Flesh en Punta del Este.
¿Cuándo comenzaron a fabricar los trajes Flesh?
La primera orden de neopreno llegó en invierno del 85 y enseguida salió la primera camada de trajes. La cortamos y cosimos con una vieja máquina Singer de mi madre y una máquina de coser alfombras que conseguimos. Ya veníamos elaborando el proyecto desde antes, haciendo contactos y pruebas, viendo el neopreno y diseños. Pero la fabricación empezó en 1985.
¿Cómo combatían el frío en aquella época?
Ya en los setenta empezaron a aparecer algunos trajes tipo de buceo, tipo chaqueta, y algún long john. Pero eran muy pocos los que tenían traje, capaz que algún argentino o alguno que haya viajado a Estados Unidos.
Lo que hacíamos era ponernos un buzo de lana ajustado y una campera de nylon, también ajustada. En las manos usábamos guantes de lana y arriba un guante de lavar la ropa con una cinta en la muñeca para que ajustara. Por lo menos el cuerpo y manos zafaban. Y un fogoncito afuera no podía faltar. Eso era en invierno, a principios y mediados de los setenta. En verano nos tirábamos a pelo, pero el problema arrancó cuando nos empezamos a tirar en invierno, que veíamos las olas pasar solas.

Producción de trajes Flesh.
¿Cómo consiguieron la materia prima?
En la locura de que veíamos pasar las olas en invierno, fue que conocí a Diego, que era representante de una marca australiana de trajes en Argentina, allá ya se empezaban a mover y traer algunos trajes. Adquirimos los contactos para traer el neopreno a través de esa marca.
Ahí empezamos trayendo el neopreno, los cierres, los hilos, todo. En los primeros tres años hubo un crecimiento importante, todo el neopreno que traíamos lo vendíamos, sobre todo a los amigos.
Aparte pasó algo. Fuimos los primeros en fabricar neoprenos de colores fluo, incluso antes de que empezaran a salir en las revistas. Los japoneses nos mandaron unas planchas de experimentación, que todavía no estaban en el mercado. La característica de los primeros trajes Flesh fue el color fluorescente, eran azul con amarillo fluo, verde, fucsia o naranja. Seguramente habrán pensado “mandémoslo a este país de Sudamérica a ver qué pasa”

Los comienzos de Flesh con amigos.
¿Cómo fue el trabajo para el grupo de buceo de la Armada?
Nosotros teníamos nuestro pequeño taller en el garaje de casa en Malvín. No sé cómo, pero se enteraron que "habían unos que estaban haciendo trajes". Y un día cayeron. Fueron nuestros primeros trajes en serie, para una institución. Eso nos ayudó a tener constancia y a evolucionar en la fabricación. Los trajes que hacíamos para la armada eran sellados, y eso fue lo que dio paso a los trajes de invierno sellados para surf.
No nos dimos cuenta de la rapidez de la evolución del traje. Al segundo año estábamos haciendo trajes bien sellados para el invierno, y la gente surfeaba tranquila.
En ese momento sacamos el famoso Flesh Orca 5/4/3. Un modelo bien invernoso. Pecho de 5 mm de espesor, cadera y piernas 4 mm, 3 mm en los brazos y bien sellado.

Buzo de la armada uruguaya luciendo un traje Flesh.
¿Siempre fue Flesh el nombre?
Siempre fue Flesh. Anteriormente hacíamos tablas de epoxi, muy caseras, y estampábamos remeras. Pero la producción en serie comenzó en el 85 con los trajes de neopreno.
¿Cuándo surge la idea de abrir una tienda?
Eso fue cuatro o cinco años después. Surgió la idea de abrir un pequeño local cerca de la feria artesanal en Punta del Este. Ese local nos permitió vender directo y tener contacto directo con la gente. Además el público general, incluyendo los argentinos, nos empezó a conocer. Gracias a esa visibilidad surgieron los trajes para niños, una gran faltante en el mercado.

Antes de los trajes, estuvieron las tablas.
¿Hoy en día siguen fabricando trajes?
Hubo un antes y un después. En los años 2000, con todo el problema financiero que hubo en la región y la aparición de China que globalizó la industria del neopreno, comenzó a tener más sentido fabricar los trajes en Oriente a un valor mucho menor. Para nosotros y para todas las marcas del mundo. Hasta O’Neill y Rip Curl.
Ahí comenzó una etapa de diseñar los trajes acá y hacerlos afuera. Eso se extendió hasta antes de la pandemia. También hicimos varias producciones en Brasil, pero el tema de la pandemia cortó mucho los contactos y todo eso se terminó.
Está la idea, pero no es viable fabricarlos acá. Lo que sí tenemos son todas las máquinas para hacer un traje a medida y respaldar la garantía de cualquier traje.
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¿Cómo elegir el traje de neopreno perfecto?
Siempre se caracterizaron por apoyar deportistas. ¿Cómo se da ese apoyo?
Actualmente, de forma oficial apoyamos a Marcela Machado y Lucas Madrid. También apoyamos a muchos, quizás con un perfil más bajo. Tratamos de que tengan todo el equipo en la manera que podamos, por ejemplo con la reparación de trajes. Tratamos de que nadie pase el frío que pasamos nosotros.

Lucas Madrid está sponsoreado por Flesh.
¿Cómo ves el mercado del surf en Uruguay?
El surf ha crecido, pero han crecido otros deportes también. La gente se volcó mucho a hacer otros deportes como el foil, el windsurf, el stand up paddle o la natación. Ahora está la explosión de los trajes de natación, hay mucha gente nadando en aguas abiertas.
Con la pandemia las personas no podían ir a los clubes, entonces comenzaron a hacer menos deportes en grupo, a meterse más al agua y a hacer más cosas al aire libre.
¿Cómo se posiciona Flesh hoy en día?
Es un surf shop muy técnico, con mucho asesoramiento sobre los productos. Estamos muy encima de todos los productos que vendemos, tratando de tener el mayor conocimiento posible.
Es un lugar de servicios, arreglamos trajes y tablas. Te diría que hoy en día es un surf skate shop, ya que el skate también ha dado un salto grande, acompañado del surf skate. Tratamos de dar un buen asesoramiento y con respaldo de lo que vendemos.

Brindar el mejor asesoramiento es algo clave para Pancho.
También es un clásico.
Lo clásico te lo da el tiempo. A los chicos que vienen ahora, capaz que viene con el padre y les cuenta: “Yo me hacía los trajes acá cuando tenía 12 años”. El local lo abrimos en el verano del 88 al 89 y hay clientes que tenemos de aquella época. Además siempre estuvimos más o menos ubicados en el mismo lugar.
Hemos atravesado tiempos difíciles, algunos no tantos, y algunos buenos. Vamos con la economía global y sus vaivenes. Esto no escapa a los problemas económicos del país y de la región.
¿Cómo Flesh se mantiene relevante?
Si somos relevantes, no lo sé, creo que sí. Es el estar siempre. El atender directamente nosotros, de tener conocimiento y respaldar las cosas que tenemos con garantía.
Tratamos también de elegir personal preparado y de buscarle la vuelta a todo, a estudiar lo nuevo que venga. Por ejemplo el paddle, estas tablas inflables. Todo tiene su vueltita, con un poco de paciencia uno puede asesorarse y después volcar, transmitir el conocimiento. Tener el producto y atender bien, es la clave de todo.