En los últimos meses, varias caletas del centro-sur de Chile han estado en el centro de la atención pública debido a proyectos de construcción de espigones y rompeolas que podrían alterar olas reconocidas por surfistas nacionales e internacionales.

Obra de espigón en Pellines en marcha. Foto: Ramón Navarro.
Casos como los de Pellines, donde ya se inició un proyecto de construcción, y Pelluhue, donde la obra aún se encuentra en evaluación, han generado preocupación en la comunidad por el impacto que estas intervenciones podrían tener sobre la forma y fuerza de las olas, y por extensión, sobre la economía y el turismo local.
Estos conflictos ponen de relieve la relación estrecha entre la pesca artesanal y el surf. Una convivencia que requiere de diálogo, planificación y cooperación.
En este escenario, la Ley de Rompientes, que busca proteger legalmente las olas aptas para deportes acuáticos, ha vuelto a ser noticia al avanzar en su tramitación en el Congreso.
La norma propone un marco legal que permita armonizar la conservación de las rompientes con la actividad pesquera y turística, fomentando el diálogo entre surfistas, pescadores y autoridades.

La ola de la Caleta Los Botes, en amenaza por proyecto de espigón. Foto: Dobleuve fotos.
La Ley de Rompientes: proteger las olas chilenas
En Chile existen más de 100 olas aptas para la práctica deportiva, de las cuales más de 20 son de clase mundial.
Muchas de estas rompientes enfrentan amenazas que van más allá de la construcción de espigones, como la toma de terrenos, la escasa planificación territorial, el desarrollo inmobiliario o de infraestructura, el turismo no regulado, los accesos restringidos y la mala calidad o contaminación de las aguas.
El Proyecto de Ley de Rompientes busca proteger estas olas de intervenciones humanas que podrían provocar su deterioro, asegurando que surfistas, pescadores y comunidades locales puedan convivir de manera sostenible.
El proyecto ha sido impulsado por organizaciones como Fundación Rompientes, asociaciones de surf locales y diversas ONG ambientales, además de contar con apoyo parlamentario de senadores y diputados comprometidos con la protección de las costas.
En septiembre de 2025, la ley volvió a estar en la agenda pública al superar votaciones clave en el Congreso, avanzando en su tramitación. Actualmente, el proyecto se encuentra en su tercer trámite constitucional en el Senado, donde se están revisando las modificaciones realizadas por la Cámara de Diputadas y Diputados.
Esta etapa coincidió con conflictos recientes en caletas como Pellines y Pelluhue, donde la comunidad alertó sobre proyectos que podrían afectar olas de alto valor.

Chile es hogar de numerosas olas de clase mundial.
Te puede interesar:
Del Ceremonial a la era del Lobos por Siempre
El Tsunami que atravesó el Pacífico y su impacto en Chile
Pellines: olas de clase mundial en riesgo
En Caleta Pellines, región del Maule, comenzó la construcción de un espigón de 75 metros y un contramolo de 25 metros para proteger la pesca artesanal, con una inversión estatal de alrededor de USD 4,5 millones.
La obra busca ofrecer seguridad a los pescadores y extender la temporada de faenas, pero ya genera preocupación por sus efectos sobre la famosa ola de Pellines, considerada de clase mundial.
El reconocido surfista Ramón Navarro expresó su alarma a The Inertia, destacando que las obras podrían alterar el takeoff, mover la arena y modificar la forma de la rompiente, comprometiendo la calidad de la ola para siempre.
Navarro señaló que la comunidad surfista fue excluida del proceso de decisión, y que aunque la Ley de Rompientes avanza en el Congreso, el proyecto comenzó antes de que existieran protecciones legales efectivas.
“La ola que conocemos ahora probablemente se pierda”, afirmó Navarro en la entrevista con The Inertia.

Pellines en riesgo. Foto: Ramón Navarro.
Aprendiendo del pasado y apostando por el diálogo en Pelluhue
En Pelluhue, los surfistas todavía recuerdan con frustración lo ocurrido en la ola de La Gotera.
Tras la reconstrucción post terremoto y la ampliación de la explanada de la caleta en 2013, la formación de la ola de La Gotera —considerada por expertos como uno de los tubos más largos de Sudamérica— se vio irreversiblemente afectada.
A la fecha, la zona se encuentra prácticamente sin uso, con una caleta con problemas para funcionar plenamente y una ola de clase mundial perdida.

La Gotera era considerada una de las olas más complejas y extremas de Chile.
Por otro lado, en la Caleta de Los Botes se discute un proyecto de construcción de un espigón destinado a reactivar la pesca, un reclamo histórico de la comunidad local.
Esta obra también podría afectar la rompiente, valorada por surfistas por su altísima calidad. En un gesto de unidad, vecinos, pescadores y surfistas han optado por el diálogo y la búsqueda de soluciones conjuntas, demostrando que es posible conciliar los intereses de ambas comunidades y proteger tanto la actividad pesquera como las olas de importancia.
Este contraste evidencia la relevancia de planificar cuidadosamente las intervenciones costeras y la oportunidad que representa la Ley de Rompientes para proteger estos ecosistemas compartidos.

La ola de la Caleta de Los Botes en peligro. Foto: @jvidalso.
En resumen
Estos casos en Pellines y Pelluhue muestran la complejidad de conciliar el desarrollo de infraestructura costera con la preservación de olas de calidad mundial y la actividad pesquera artesanal.
Mientras en Pellines la construcción de un espigón avanza pese a la preocupación de surfistas por la rompiente, en Pelluhue se ha optado por el diálogo entre vecinos, pescadores y surfistas para evitar repetir los errores del pasado, como la pérdida de la ola de “La Gotera”.
En este contexto, la Ley de Rompientes cobra relevancia como un instrumento para proteger los ecosistemas marinos y recreativos, promoviendo la participación de las comunidades locales y fomentando un equilibrio entre pesca, turismo, surf y desarrollo costero, de manera que los proyectos se planifiquen con visión integral y respetando los valores naturales y culturales de cada lugar.