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Del Ceremonial a la era del Lobos por Siempre

Max Petit-Breuilh
Lectura: 6 minutos

Hablar de Punta de Lobos es hablar de una de las mecas del surf mundial. Sus acantilados, sus rocas guardianas y ese banco de arena que dibuja una de las izquierdas más largas y potentes del planeta han sido escenario de hazañas, encuentros y celebraciones que marcaron un antes y un después en la historia del surf chileno. Pero sobre todo, Punta de Lobos es el hogar espiritual del Ceremonial, el campeonato que abrió la puerta para que Chile se posicionara en el mapa global del surf de olas grandes, y que con el tiempo dio paso a un nuevo formato: el Lobos por Siempre Big Wave.

Los primeros años: un sueño y una comunidad

La historia comienza en los años noventa, cuando un grupo de surfistas locales y viajeros visionarios se enamoraron de la fuerza inigualable de las olas de Punta de Lobos. Ya se hablaba de que este rincón de Pichilemu podía compararse con las míticas olas de Hawái o con los breaks más respetados de California y Portugal. Sin embargo, en ese entonces, no existía un evento que rindiera tributo a esas olas que podían superar con facilidad los ocho metros en días de swell sólido.

Fue en ese contexto que nació la idea del Ceremonial de Punta de Lobos. Más que una competencia, era un ritual: un espacio para reunirse en torno a las olas más grandes del invierno, para agradecer al mar y a la naturaleza, y para demostrar respeto por una disciplina que exige tanto preparación física como espiritual.

Los primeros Ceremoniales fueron encuentros casi familiares. Un puñado de surfistas nacionales, algunos invitados internacionales y la comunidad de Pichilemu reunida en la playa. No había grandes auspiciadores ni transmisiones en vivo; lo que movía todo era la pasión por las olas gigantes y la convicción de que Punta de Lobos merecía su propio tributo.


Quiksilver Ceremonial en Punta de Lobos, 2015.

El despegue internacional

Con los años, el Ceremonial fue ganando prestigio. A medida que la escena del surf en Chile crecía, también lo hacía el interés por mostrar al mundo la calidad de nuestras olas. Punta de Lobos comenzó a recibir a surfistas de renombre internacional, muchos de ellos atraídos por los relatos que circulaban sobre esa izquierda interminable y poderosa.

El campeonato se convirtió en una cita obligada dentro del calendario de olas grandes. El Big Wave Tour, la liga internacional de surf de olas gigantes liderado por Gary Linden, llegó a poner sus ojos en el Ceremonial, y varios de los mejores riders del planeta inscribieron su nombre en el lineup de Punta de Lobos. Fue entonces cuando Chile se consolidó como un destino de referencia en la escena del big wave.


Gary Linden, surfista y shaper legendario.

La cobertura mediática creció, llegaron marcas globales a apoyar, y la organización se profesionalizó. Pero, a pesar de los cambios, el espíritu original se mantenía intacto: el respeto por la ola, por la comunidad y por la tradición. El Ceremonial no era solo una competencia; era un homenaje al mar y a la cultura que lo rodea.

Los desafíos que se plantearon y como era necesario las transformaciones

Con el paso del tiempo, organizar un evento de esta magnitud se volvió cada vez más complejo. El surf de olas grandes depende de una serie de factores impredecibles: la dirección del swell, la fuerza del viento, el banco de arena, y, sobre todo, la voluntad de la naturaleza. En varias temporadas, el campeonato tuvo que esperar hasta el último día de la ventana para confirmar, e incluso hubo años en que nunca se dio el llamado.

La inestabilidad de los pronósticos y la dificultad de alinear a auspiciadores, equipos de producción y atletas internacionales con esa incertidumbre, llevó a reflexionar sobre la necesidad de un nuevo formato. La idea era mantener el espíritu del Ceremonial, pero darle un aire fresco, adaptado a los tiempos actuales y a las particularidades de Punta de Lobos.

El nacimiento del Lobos por Siempre

De esa reflexión nació el Lobos por Siempre Big Wave, un evento que honra la tradición del Ceremonial, pero con un sello propio. Más que un campeonato, es una celebración de la cultura del surf de olas grandes en Punta de Lobos. Su nombre ya lo dice todo: Lobos por Siempre es una declaración de amor y compromiso hacia ese lugar y hacia la comunidad que lo mantiene vivo.

El nuevo formato busca transmitir al público —tanto local como internacional— que el surf en Punta de Lobos no se mide solo en rankings o puntajes, sino en experiencias compartidas, en respeto a la ola y en la unión de una comunidad en torno al mar. Si hay un swell histórico, se convoca; si no, la celebración se da igual, porque lo importante es mantener vivo el espíritu.

Nuestra continuidad y su legado

El Lobos por Siempre ha heredado la mística del Ceremonial, pero también ha sabido adaptarse a los desafíos del presente. En una época en que la sostenibilidad y el respeto por el entorno son más relevantes que nunca, el evento ha reforzado la importancia de cuidar Punta de Lobos como santuario natural. No se trata solo de surfear sus olas gigantes, sino de proteger el ecosistema y el paisaje que las hace posibles.

La comunidad local sigue siendo protagonista: surfistas, productores, auspiciadores y vecinos trabajan juntos para que cada edición sea una experiencia auténtica. Y aunque hay años en que las condiciones no permiten realizar el campeonato, la esencia no se pierde. Al contrario, se reafirma la idea de que este no es un evento cualquiera, sino un homenaje a lo extraordinario.

De rito a patrimonio cultural

Mirando hacia atrás, el camino recorrido es notable. Lo que empezó como un rito íntimo entre amigos y surfistas, se convirtió en un campeonato internacional de prestigio, y hoy en día en un símbolo cultural que trasciende el deporte. El Ceremonial de Punta de Lobos abrió la senda, y el Lobos por Siempre se encarga de mantenerla viva, adaptándola a los nuevos tiempos sin perder la esencia.

Punta de Lobos ya no es solo un destino de surf; es un ícono global, reconocido como una de las capitales mundiales de las olas grandes. Y en cada edición del Ceremonial o del Lobos por Siempre, se recuerda por qué: porque allí las olas no solo se surfean, se honran.


Hector Vargas, honrando las olas en Lobos por Siempre.

Es por eso que existe un compromiso eterno

El relato del Ceremonial y su evolución hacia el Lobos por Siempre nos muestra cómo el surf puede ser mucho más que un deporte. Puede ser un ritual, un acto de comunidad, una forma de conectar con la naturaleza y de proyectar al mundo la identidad de un lugar.

Aunque los campeonatos pueden suspenderse, posponerse o transformarse, lo que nunca cambia es el compromiso de quienes aman Punta de Lobos: mantener viva su magia, proteger su entorno y celebrar siempre el poder de sus olas.

Porque, como bien dice el nombre, Lobos por Siempre cuando Los Morros digan.

Nos vemos en el 2026.