El 29 de julio de 2025, un terremoto de magnitud 8.8 frente a las costas de Rusia activó una alerta de Tsunami en todo el Pacífico. En Chile, donde este tipo de fenómenos no son extraños, las autoridades emitieron advertencias preventivas, y algunos sectores costeros sintieron el impacto con fuerza. Para entender qué sucedió exactamente, cómo se comporta un tsunami en comparación con las olas comunes y qué consecuencias reales tuvo este evento en las playas chilenas, hablamos con Max Petit-Breuilh, forecaster de Lineup en Chile.

¿Qué fue lo que sucedió exactamente?
Ocurrió un terremoto submarino de magnitud 8.8, uno de los más fuertes registrados en el Pacífico en los últimos años.
El sismo tuvo lugar el 29 de julio, a las 11:25 de la mañana (hora local), en el fondo del océano, cerca de las islas Kuriles, al este de la península de Kamchatka, Rusia. El epicentro se ubicó a una profundidad de aproximadamente 25 kilómetros bajo el lecho marino, una distancia considerada superficial en términos geológicos. Esto favoreció el desplazamiento de una gran masa de agua y la posible generación de un tsunami.
Al tratarse de un sismo ocurrido bajo el mar y con estas características, la energía liberada se proyectó en múltiples direcciones a través del océano, lo que activó alertas de tsunami en distintos puntos del Pacífico, incluyendo Chile.
No todos los terremotos provocan tsunamis, pero en este caso la combinación de ubicación, magnitud y profundidad fue determinante para que ocurriera.

¿Y cómo llegó ese impacto a Chile?
Para entender cómo llegó el tsunami a Chile, primero hay que comprender que su mecánica es muy diferente a la de una ola común. Imagina un río dentro del mar: agua en movimiento constante que avanza y arrastra masa con mucha energía.
A diferencia de una ola tradicional, que solo arrastra agua cuando la onda choca con el fondo y se forma la cresta, un tsunami es agua en movimiento continuo, con mucha fuerza. Cuando esta energía llega a la costa, se encuentra con un fondo marino que no es plano: tiene cerros, valles y pendientes, lo que influye en cómo se comporta el agua.
En Chile, una de las zonas más afectadas fue Boyeruca, en el sur, porque está orientada justo hacia el norte, por donde venía el tsunami. Además, tiene un fondo marino muy plano y poco profundo, lo que permitió que el mar entrara con gran fuerza. Durante ese día, el mar entró y salió en Boyeruca hasta 50 veces en pocas horas. No fue una sola ola, sino una serie de energías sucesivas, eran trenes de olas, que iban y venían con gran intensidad.
En cambio, en lugares como Algarrobo, donde el fondo marino es más profundo, la energía del tsunami se dispersó más y el mar no subió tanto ni avanzó con la misma fuerza.
Afortunadamete, la alerta coincidió con una marea media bajando. El pico de energía del tsunami llegó durante la marea baja absoluta, lo que ayudó a minimizar daños en la costa chilena.

Entre las 19:00 y las 21:00 hs, el nivel del mar comenzó a subir y bajar con mucha más intensidad.
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¿Cómo se activa una alerta de tsunami? ¿Cuál es el protocolo en Chile y a nivel mundial?
Chile es un país sísmico. Para nosotros, un terremoto de grado 6 es apenas un temblor. Hay movimientos de este tipo varias veces al año. Pero cuando hablamos de un sismo grado 8, ya estamos en otro nivel. Lo importante es que, por experiencia, hemos ido aprendiendo a interpretar qué hacer ante ciertos eventos.
Un momento clave fue el terremoto y tsunami del 2010. En esa ocasión, yo estaba en Puertecillo y vi con mis propios ojos cómo entraban los trenes de olas. Además, con el temblor no podías estar de pie. Mientras el gobierno anunciaba por radio que no había alerta de tsunami, nosotros ya estábamos viendo entrar la segunda energía del mar. Esa descoordinación costó muchas vidas, porque mucha gente volvió a la orilla pensando que todo había pasado.
En ese 2010 solo tuvimos algunos minutos para reaccionar y prepaparnos. Esta vez, fueron varias horas. A partir de ahí se tomaron medidas concretas. Hoy en día en Chile hay un sistema de monitoreo y alerta. En muchas playas con alta concurrencia se instalaron torres con alarmas sonoras interconectadas: si se detecta un riesgo, suenan de inmediato para advertir a la población que debe evacuar.
Además, hay un sistema de telecomunicaciones que permite enviar alertas directamente a los teléfonos celulares. Si estás en una zona que puede ser afectada, te llega un mensaje claro: “Evacúe”.
Todo esto es resultado de una larga historia de aprendizaje forzado. Chile, por su geografía y ubicación, ha sido un laboratorio de eventos sísmicos y tsunamis. Nos ha tocado vivir tantos, que muchas de las referencias y protocolos que hoy existen a nivel internacional tienen origen en lo que hemos vivido acá.
El aprendizaje podría resumirse en que si ves que no puedes estar de pie por el temblor, corre hacia el cerro.
¿Qué impacto tuvo este fenómeno en los días posteriores? ¿Qué se puede esperar para los próximos días, sobre todo en los spots de surf?
Todo el día de hoy (viernes 30/7) y probablemente hasta mañana, el mar va a seguir alterado. Si bien continúa la influencia normal de la luna sobre el océano —es decir, la pleamar y bajamar regulares—, sobre esa base se superpone otro patrón de subidas y bajadas.
Lo más importante es que esa masa de agua que entra y sale, produce corrientes muy fuertes. En los point breaks puede afectar el comportamiento de la ola y el movimiento de la arena. Pero en los beach breaks es más delicado, porque al moverse constantemente la arena, los bancos se modifican. Puede que mejoren los bancos y quede exquisito para surfear, pero el riesgo principal son las corrientes de retorno, que en este momento están fuertísimas.
Una vez, después del terremoto de Japón, me metí a surfear con un amigo en un beach break y no podíamos avanzar. De pronto, el mar nos succionó y terminamos mucho más adentro sin darnos cuenta.

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¿Y para la gente que quiera meterse al mar en estos días, cuál sería la recomendación?
La recomendación es clara: tener mucha precaución. Ojalá no meterse en condiciones extremas ni con mar grande. Hay que considerar que esto no es un swell común, donde la energía viaja como una onda. Acá estamos hablando de masa en movimiento, lo que cambia por completo la dinámica en el agua.
Después de un evento como este, por ejemplo tras el tsunami de 2010, en lugares como Puertecillo el mar quedó perfecto, tipo G-Land. Pero eso no significaba que fuera seguro: de repente bajaba tanto la marea que quedaban los bancos de arena completamente expuestos, y después el mar volvía a subir con fuerza. Aunque las olas se vean buenas, el riesgo sigue estando.
Hay una historia muy conocida de Felipe Pomar, un legendario surfista peruano que en 1974 surfeó durante un tsunami generado por un terremoto en Perú. Una de las personas que se metió al agua con él contó que cuando se cayó, sintió otro tipo de energía. Efectivamente, es distinto a un wipeout normal. No te soltará tan fácil porque es masa que está avanzando permanentemente.
Esa energía eventualmente se disipa, pero en los días posteriores al evento sigue teniendo efectos. Aunque las olas “grandes” ya se hayan ido, las mareas quedan alteradas, y con eso, los riesgos aumentan. Por eso, si vas a entrar, hazlo con respeto y atención a lo que está pasando.