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Entre olas y motores: una charla con Diego Furiatti

Bruno Aguilar
Lectura: 8 minutos

Diego Furiatti es uno de los grandes referentes del bodyboard uruguayo. Alcanzó 14 títulos nacionales y llegó a conquistar 56 campeonatos consecutivos en Uruguay. Compitió en el circuito mundial durante once años, donde llegó a ubicarse en el quinto puesto entre los mejores bodyboarders del mundo. Además representó a Uruguay en mundiales ISA y Panamericanos de Surf. Desde 2018 lleva adelante Big Rider Surf & Motorcycles, una marca donde combina sus dos grandes pasiones: el surf y las motos. Charlamos con Diego sobre su trayectoria en el bodyboard, su experiencia en la competencia internacional y Big Rider, una propuesta única en Uruguay que combina surf con motos clásicas.


El mar y las motos customizadas son dos de las grandes pasiones de Diego Furiatti.

¿De dónde nace la pasión por el bodyboard?

Empecé cuando tenía 12 años, con los amigos de mi hermana grande. Todos corrían en bodyboard o en tabla, y un día me invitaron. Algo que también ayudó es que me crié a dos cuadras de la playa, en Punta del Este. Desde el balcón de casa podía ver las olas de Los Dedos y La Olla.

Diego bajando una ola pesada.

¿Y la parte competitiva?

Nació un poco después. En esa época el circuito nacional estaba bastante fuerte. La Unión de Surf del Uruguay tenía una categoría de bodyboard y había muchísimos competidores. Me metí como para mejorar el nivel y probarme.

Durante unos años siempre salía segundo, generalmente ganaba Gustavo Strasser, que era el campeón uruguayo de ese momento. Al mismo tiempo era uno de mis mejores amigos, siempre surfeábamos juntos.

Con el tiempo seguí buscando mejorar, me fui a competir al circuito argentino y al paulista. Después volví y empecé a ganar en Uruguay. También empecé a competir en mundiales y panamericanos de la ISA, representando a Uruguay.

Ya siendo campeón uruguayo, fui a mi primer mundial de la ISA en 1996 en California. Luego, en 1997 hubo un panamericano en Río de Janeiro. Al otro año fui al mundial en Portugal y después al panamericano en Mar del Plata, donde tuve mi mejor resultado internacional hasta ese momento. En 2004 empezó el circuito mundial.


Diego Furiatti fue el encargado de poner a Uruguay en el mapa del boyboard internacional.

¿Cómo fue la experiencia de competir en la elite?

Llegué a estar quinto en el ranking mundial en un momento. Hubo unas etapas en Brasil y otra en Perú: salí quinto en las dos. Me mantuve hasta mitad de año en ese lugar. Después venían varias etapas en Europa, pero justo ese año en el que estaba quinto, cuando mejor posicionado estuve, no pude ir por un tema económico.

Fue muy difícil en esa época con los sponsors, aunque siempre tuve apoyo de algunas marcas. En 2015 corrí por última vez etapas del circuito mundial.


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¿Qué lugar ocupa el bodyboard en tu vida actualmente?

Siempre seguí entrenando, con el mismo nivel y viajando. No dejé por falta de nivel o porque no quisiera competir más, sino porque no hay campeonatos en Uruguay.

Desde 1996 hasta 2015 viví viajando sin parar, sin algo estable. Llegó un punto en que dije: “un día voy a dejar de competir y tengo que hacer algo, una base acá en Uruguay”. Estaba un poco cansado.

Entreno de lunes a viernes con Nicolás Laprida, un entrenamiento funcional para el bodyboard y para la vida. Además soy maestro de capoeira, me recibí el sábado pasado. Hace 25 años que hago capoeira, empecé como complemento para la flexibilidad. Doy clases en La Barra y lo tomo como entrenamiento.


Diego en un tubazo.

El año pasado hubo Panamericanos de Surf, estuviste ahí compitiendo por Uruguay.

Estuvo bueno volver a competir internacionalmente, encontrarme con bodyboarders amigos del circuito mundial. Más allá de que no tuve los resultados que esperaba, fue una experiencia muy linda. Las condiciones estaban difíciles, con muy poca ola, algo raro en Punta Rocas que casi siempre recibe mucho swell.

Ahora estoy pensando a futuro: si sigo compitiendo o no. El año que viene tengo pensado correr algunas etapas del circuito mundial, estoy motivado y en forma para eso.

¿Por qué no hay competencias en Uruguay?

La realidad es que el bodyboard está fuerte, hay muchos riders y una nueva generación que viene con todo. El problema es que no hay gente que se haga cargo de organizar los campeonatos. La ISA en un momento sacó el bodyboard, entonces la USU dejó de hacerlos. Nunca hubo una federación aparte.

Con amigos llegamos a armar una asociación, pero lleva mucho trabajo, tiempo y dinero. Es muy difícil mantenerla porque cada uno tiene su vida. Yo mismo organicé más de veinte campeonatos acá, algunos solo y otros con amigos. Pero claro, si organizo no puedo competir, entonces se cruza todo. El día que no quiera competir más, me dedico de lleno a organizar y fomentar el deporte.


Luego de veinte años viajando y compitiendo sin parar, tocó hacer una pausa.

¿Cómo nace Big Rider?

En 2016 decidí no competir más y hacer una base en Uruguay. Me fui a Indonesia dos meses con amigos de la infancia, todos ellos habían corrido profesionalmente y algunos eran campeones uruguayos. Fue algo difícil de coordinar porque ya cada uno tenía su vida, hijos, familia. Estuvo muy bueno.

Así comenzó el proceso y en 2018 nació Big Rider Surf & Motorcycles, la unión de dos pasiones: el surf y las motos. Si bien el bodyboard siempre fue mi deporte número uno, las motos también estaban ahí. Cuando tenía tiempo libre me iba a las sierras en moto, y eso me hacía muy bien.


Diego y su otra pasión, las motos.

Lograste crear un lugar con todo lo que te gusta.

Sí, es algo diferente a lo que hay acá. La marca fue agarrando su rumbo. Cuando hay olas surfeamos, cuando no, andamos en moto por las sierras.

Encontré en la moto esa sensación de libertad que me daba el surf. Hoy en el agua hay cada vez más gente, y se hace más difícil surfear tranquilo. En un momento decidí empezar a disfrutar de otras cosas, además del bodyboard. La moto me dio eso.


Pasear con su mascota en el sidecar por las sierras: el estilo de vida elegido por Diego.

Y además te dedicás a un tipo particular de motos.

Son motos customizadas, con el estilo de la marca. Por ejemplo, agarro una moto que es de calle y la modifico para que también sirva en ruta, tierra o campo. Cambio la posición de manejo, le pongo cubiertas de taco, y la detallo para darle ese estilo Big Rider. Nuestras motos serían un estilo enduro vintage, siempre buscamos lo clásico.

En el mundo hay marcas que mezclan surf y motos, como Deus Ex Machina. En Uruguay Big Rider es única en eso. Por otro lado, soy uno de los pocos customizadores con este estilo acá. En siete años ya llevo más de 200 motos customizadas.

¿De dónde salió la pasión por customizar?

Arrancó con amigos. Andaba en motos chicas, como vespas. En 2012 me compré una Royal Enfield, que son las que vendo hoy. Un amigo que la vio se compró otra y empecé a meterle mano: cambiar manubrios, cortar asientos. Primero con motos de amigos y después se fue transformando en marca y taller.

También le das mucha importancia a la imagen y al canal de YouTube.

Llevar una marca en Uruguay es un gran esfuerzo, pero la parte de la imagen no me cuesta porque es lo que vivimos. Es nuestro estilo de vida: cómo nos vestimos, por dónde andamos. Cuando uno hace lo que le gusta, con amor, todo fluye.

El canal surgió porque dos productoras me propusieron hacer un vlog sobre mi vida. Hoy vamos por el episodio 13. Se llama Enjoy the Riding. Sale un episodio cada 15 días, los viernes a las 6 de la tarde en nuestro canal de YouTube.

Tenés también una escuela de surf en Playa Zorba.

Sí. La escuela empezó en 1996 en Zorba con la idea de fomentar el bodyboard, y a los pocos años sumamos surf. Esta temporada será la número 29.

¿Qué se viene para Diego Furiatti?

Seguir creciendo con mi marca Big Rider, con mi estilo de vida de surf y motos. Si tengo la oportunidad de seguir compitiendo y representando a Uruguay, lo voy a hacer mientras me dé el físico.

Algo importante para mí también es pasar mis conocimientos. A futuro me gustaría dar talleres gratuitos de bodyboard, charlas en escuelas y, en algún momento, organizar campeonatos.