A los 49 años, Arnold Glutz decidió cambiarlo todo. Después de tres décadas trabajando en un laboratorio en Montevideo, dejó la oficina, hizo las valijas y se mudó a Punta del Este con su familia. El motivo no fue otro que su verdadera pasión: el mar. Campeón uruguayo de longboard en 1998 y 1999, y medalla de bronce en los Panamericanos de 1999, se destacó por un estilo radical y progresivo en una época en que el longboard competitivo premiaba las maniobras más agresivas. Hoy se dedica al stand up paddle, da clases, vende equipamiento, y sigue compitiendo: desde 2019 es el indiscutido campeón uruguayo de SUP. En esta entrevista, nos cuenta cómo fue ese giro de vida y qué lo mantiene —a los 53 años— todavía metiéndose al agua cada vez que hay olas.

Arnold con un buen cierre en su SUP.
¿Cómo fue que empezaste a surfear y cómo terminaste inclinándote por el tablón?
De chico siempre me gustó meterme al agua y correr olas con lo que fuera, pero ni cerca de tener una tabla. A los 13 años fui a visitar a mis primos en Australia, y mi primo me regala una tabla y me la traigo.
Era una tabla de ocho pies, con una quilla central fija, con tremenda punta atrás y adelante. Con esa tabla, que era como para correr olas gigantes, empecé a surfear en Malvín y Atlántida. Para mí, que pesaba 68 kilos, era como un tablón. Después empecé a andar con tablas más chicas y mi última tabla fue una fish 5’11.
A partir de ahí, me ofrecen correr en longboard en el equipo de Del Diablo Surfboards, de Atlántida. En el grupo había tablas, moreys, pero les faltaba un competidor de longboard. Yo no tenía ni idea, nunca me había subido a un tablón.
Igualmente les dije que sí, y empecé a entrenar con ellos. Terminé siendo campeón uruguayo en el 98 y el 99. En campeonatos internacionales llegué al puesto 21 en el mundial de la ISA en Portugal de 1998, y me llevé el bronce en los Panamericanos en Mar del Plata en el 99.

Arnold Glutz llevando a la celeste al podio de los Panamericanos de 1998.
Siempre tuviste un estilo progresivo, tirando maniobras más radicales.
Sí, yo andaba con longboards progresivos. Eran tablones finos, de tres quillas. Era caminar un poco y después maniobras tipo tabla corta. Habitualmente surfeaba en Montevideo y Atlántida, y notaba que todo lo que me costaba hacer en la tabla, en el tablón me salía mucho más fácil.
En aquel momento el criterio de juzgamiento era distinto, por eso me iba bien en los campeonatos. Cuando cambió el criterio a clásico, ahí fue que dejé de competir. Al mismo tiempo estaban apareciendo Nacho (Pignataro) y Julián (Schweizer), y cuando los vi andar dije: “Estos la van a romper, tengo que aprovechar ahora antes que crezcan” (risas).

Fiel al estilo progresivo, Arnold Glutz despegndo las quillas de su longboard.
¿Dejaste de competir por completo?
No, en realidad lo que hice fue dejar de competir en el circuito uruguayo. Pero después corría todo. Iba al campeonato Roca Bruja que se hacía todos los años en la Barra del Chuy... Gané seis años seguidos ese campeonato de longboard. Ya no me querían ni ver. También gané el circuito H2O de Punta del Este y La Paloma. Fue increíble. El premio era un pasaje de avión y la compañía era Pluna. Terrible premio. Justo cuando lo iba a cobrar, la empresa cerró y no pude viajar. No lo podía creer.

Durante un campeonato del Circuito Uruguayo.
En un momento aparece el stand up paddle y te metés de lleno. ¿Cómo sucedió eso?
Fue en 2013. Entré en un temporal a correr con el tablón, venía de tirarme poco durante el invierno. Y llegando casi al fondo, me viene un dolor en el hombro izquierdo terrible. Cuando salí, no podía levantar el brazo. Y eso me quedó hasta el día de hoy. Ahí perdí un poco la remada.
Un día unos amigos me dijeron que pruebe andar en SUP, que por lo menos no iba a mover tanto el brazo. Y ahí fui a Paddleboards Uruguay.
Le digo, sin saber nada: “Yo quiero un SUP de olas, no quiero saber nada con las tablas grandes solo para remar”. Y el dueño del local me dice: “Mirá que si nunca te subiste, va a ser muy difícil que puedas andar”. Y yo lo miro como diciendo: “Esto debe ser un boleto”. No me olvido más: estuve un mes entero sin poder pararme en la tabla de SUP. Era dificilísimo, porque agarré una tabla chica pensando que iba a ser fácil.
Me dio la primera clase y me dijo: “Empezá a remar, y después que le agarres la mano, llamame”. Estuve un mes remando todos los días de Malvín a Punta Gorda ida y vuelta, pasando por atrás de la Isla de las Gaviotas.
Después de ese mes lo llamé para otra clase, pero ya de olas. Y ahí empecé y no paré más.

Arnold no demoró en agarrarle el gustito al SUP.
¿Qué fue lo nuevo que encontraste en el SUP?
Me quedó una tendinitis en el hombro, y en el SUP no necesitaba girar el brazo para remar. Además, si había una olita de 30 cm en Montevideo, la surfeaba sin problemas. Si había medio metro en Punta del Este, también. Después empezaron los campeonatos de SUP y también empecé a competir.
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¿Qué equipamiento estás usando ahora? ¿Tenés un quiver para distintas olas?
Ahora estoy usando una tabla Infinity de carbono. Infinity está entre las cinco mejores marcas del mundo. Uso una 8’6”, 114 litros y 29 de ancho. Es una tabla un poco grande, pero como soy pesado —estoy en 91 kilos—, es la que mejor me anda. Tengo tablas con menos litros, pero esta es la que mejor me funciona. Son todas de carbono y pesan 6 kilos. Son súper livianas.

Una sesión de SUP Surf en Punta del Este.
Con el stand up tenés más ventaja en el lineup. ¿Cómo manejás el tema del crowd?
Al principio no te das cuenta, y a veces tomás más olas de las que deberías. Pero después te vas dando cuenta, y ahí empezás a elegir mejor, a dejar pasar olas para que todos agarren.
También hay muchos lugares que son solo de tabla.
Claro. Por ejemplo, acá en Punta del Este, en La Boya no te vas a meter con un SUP. La Plage es otro lugar bien de tabla. Hay lugares a los que es mejor no ir.
Pero La Posta, La Martínez, El Martillo, Los Dedos… están muy buenos. En La Olla me he tirado, pero a más de uno lo han echado por meterse con SUP.

¿Cuáles son tus olas preferidas en Uruguay y por qué?
La Martínez y La Posta son las mejores olas. Son más gordas, con más pared, van rompiendo más lento. Si están rompiendo dos metros, igualmente rompen más tranquilas. Otra ola buena es El Martillo, cuando rompe bien en el fondo. Tiene bastante recorrido.
Cuando empezaste en el Stand Up Paddle, era algo novedoso. ¿Cómo ha evolucionado desde ese entonces?
Cuando yo empecé, en olas éramos diez. Muchas cosas no se sabían, y tampoco veías a nadie haciendo algo en el agua. Todo lo trataba de mirar en YouTube. No había quién te enseñara algo acá.
En cuanto a la tecnología, al principio eran todas tablas de fibra y epoxy, la mayoría de epoxy. Después fue avanzando hasta que llegaron las de carbono, que son una locura. No se comparan. El andar, todo es distinto. Pesan la mitad, son mucho más resistentes. Y el shape de las de carbono mejoró bastante. El remo de carbono, todo.

¿Y en cuanto al público? ¿Se ha sumado más gente a practicar el deporte?
Sí. Por ejemplo, cada año se hacen cinco fechas del circuito de SUP surf. Ahora van cuatro o cinco años que vengo siendo campeón uruguayo en SUP surf.
Contame un poco sobre tu negocio. ¿Cómo asesorás a la gente que va a buscar equipamiento?
Yo estoy ahí para eso. Pruebo casi todas las tablas que hay en el local, entonces más o menos sé cómo anda cada una. Cuando viene un cliente, lo primero es ver el peso y para qué quiere el SUP: si lo quiere para ir a remar a la Mansa o al arroyo, o para surfear. Según eso, y varios factores más, vas recomendando las tablas que podría usar.
Lleva un rato estar con cada cliente. Además, es una inversión grande. La idea es que se vayan con algo que no los frustre y que no haga que nunca más quieran subirse a una tabla.

¿Recomendaciones para alguien que está empezando?
Lo mejor es empezar en la Mansa. Tiene algo de movimiento, pero es bastante plana. Y el arroyo Maldonado es ideal para empezar de cero. Cualquier ondulación se siente cuando estás parado.
Muchos de los que vienen a tomar clases nunca hicieron surf. Entonces, lo que para uno es natural, para ellos es totalmente nuevo. Vos tenés que estar ahí para que se sientan seguros.
El SUP te arrastra y te podés pegar. Pero después que lo aprendés, es fácil. Y además tiene otra ventaja: mucha gente que no viene del surf se emociona cuando está flotando en el medio del mar y les pasa una ola cerca. No pueden creer que están ahí. Y eso en una tabla de surf, para esas personas, sería casi imposible.
Cuando terminamos la clase y quedamos flotando entre el puerto y la Parada 3, mucha gente alucina. Es un punto donde se ve casi todo Punta del Este.

Enseñando los primeros pasos en un atardecer perfecto en La Mansa.
¿Y para quien quiere iniciarse en el SUP Surf?
Ahí lo mejor es tomar una clase, para estar más tranquilo y seguro. Les damos técnicas para entrar y salir. Es parecido al surf o al longboard, pero hay que tener más cuidado. También hay que tener en cuenta a las otras personas en el agua. La idea es que no estén cerca de surfistas o de gente bañándose, porque al principio no tienen mucho control.
Sos usuario de Lineup desde la primera hora.
Uso Lineup casi desde que salió. En un momento gané el campeonato de Glassy Waves, y el premio era un año de suscripción Premium. Cuando se me terminó, lo seguí pagando, porque lo uso todos los días.

¿Qué te cambió en la experiencia del surf?
Yo vivo en Roosevelt, y lo primero que hago de mañana es mirar las cámaras. Ahí veo desde El Emir hasta Bikini. Según cómo veo que entra el mar, ya sé a qué playa ir. Si veo que entra del este, miro más La Posta, Bikini, esos lugares. Si entra sureste, me fijo en El Emir, Los Dedos, Montoya. Entonces, cuando me levanto, miro eso y ya decido si voy al agua o no.
Te ahorrás todo ese tiempo de ir spot por spot.
Claro. Antes cuando vivía en Montevideo, salía a las cuatro de la mañana y llegábamos a las seis y media. Ahí empezábamos: Punta del Chileno, El Emir, Los Dedos, La Olla… así hasta Bikini. Y a veces llegábamos a Bikini y decíamos: “¿Qué te gustó más?”. Y alguien decía: “La Olla”. Volvíamos todos para La Olla. Llegábamos, mirábamos y decíamos: “Pah, no está tan bueno”. Y seguíamos a La Boca de la Barra. Imaginate, recién nos tirábamos al agua a las nueve.
Ahora, todas esas vueltas te las ahorrás.

Vestido de oficina, en la oficina.
¿Qué es lo que te sigue motivando a meterte al agua todos los días después de tantos años?
Estaba haciendo la cuenta: este año cumplo 53, y llevo 40 años surfeando. Pero son 40 años distintos a los de alguien que vive en la playa. Yo trabajaba todos los días y solo podía ir al agua los fines de semana. Pero en todos esos años, no hubo uno en el que no fuera al agua.
Siempre me preguntaba: ¿en algún momento se me irá a pasar? Cuando seas más grande, con hijos, con trabajo... Pero cada año que pasaba, era peor. Más ganas de ir al agua. De eso siempre se ríen todos en mi familia: “Cada año estás peor”, me dicen. Y yo pensaba que se me iba a pasar.
Ahora estoy acá, por cumplir 53, y todos los días chequeo el mar para tirarme. A veces puedo, a veces no. A veces hay olas, a veces no. Pero siempre tratando de estar cerca del mar.