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Nacho Gundesen en Indonesia: un regreso al surf en su esencia

Bruno Aguilar
Lectura: 4 minutos

Antes de que comenzara el año, Nacho Gundesen ya tenía claro que quería hacer un viaje distinto. Después de meses de entrenamientos y competencias, planificó una travesía a Indonesia con un objetivo preciso: volver a conectar con el surf en su forma más simple.


La mejor manera de conectar con lo más puro del surfing: un tubazo indonésico.

“Venía compitiendo mucho, entrenando siempre, entrando al agua con la cabeza puesta en rendir bien. Indonesia fue para no pensar en eso, para surfear solamente por diversión. Y lo logré”, explica mientras recuerda los motivos que lo llevaron a planificar el viaje.

Durante un mes y medio recorrió distintos destinos, con base en Bali pero moviéndose bastante. Estuvo en Krui, Desert Point y también en Mentawai. “Me gustó mucho Greenbush, en Mentawai. Después, algunas olas en Krui también me gustaron mucho. Y en Bali surfeé en Uluwatu. Fueron lugares distintos, cada uno con su experiencia”, señala.


Tubos y más tubos para nuestro altleta.

Según nos contó Nacho, Bali ya no es un lugar tan recomendable para ir a surfear. “Me encontré con un Bali sobrepasado. Desde mi punto de vista, se convirtió en un punto demasiado turístico. Había una cantidad de gente terrible en todos lados, y el crowd en el agua era tremendo. Igual te divertís, pero si buscás surfear de verdad tenés que ir a otras islas”, dice.

Las experiencias fueron variadas. En Krui, el mar lo recibió con condiciones increíbles desde el primer momento. Por otro lado, en Desert Point la realidad fue otra. “Estuve seis días, en los cuales rompían una o dos series por día, y había cien personas en el agua. Entonces, capaz que en todo el día entraban ocho olas y se repartían entre cien surfistas.

Después bajó un poco la cantidad de gente y quedaban veinte o treinta, pero igual eran pocas olas. Es un lugar muy loco, entraban solo las series, y después quedaba totalmente flat”, explica.


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También hubo momentos fuera del agua que quedaron grabados en la memoria. Para llegar a las Mentawai, navegó durante catorce horas en un barco pequeño y atravesaron una tormenta: “Se nos empapó todo el equipaje, le entraba agua al bote. Y cuando ya estábamos llegando a las islas casi se nos da vuelta el barco. Éramos ocho adentro, se mojó todo otra vez”.

Viajar acompañado de su novia y amigos hizo que la experiencia tuviera otra dimensión. “Compartí muchas cosas afuera del agua. Disfruté cosas que antes no les prestaba atención, como conocer un poco más la cultura, el idioma, y sobre todo, lugares sin olas. Igual, duraba poco, un día o un día y medio, y ya quería volver al mar”, recuerda entre risas.


Nacho con buena compañía.

Esa vuelta a lo esencial fue lo que más valoró. “Surfear solo por diversión. Estar motivado para entrar al agua. Los días de tubo con amigos que se pasan increíbles. Eso fue lo que buscaba”, afirma.

Indonesia también le enseñó a valorar el tiempo de viaje. “Estuve 45 días y me quedé con ganas de estar más tiempo. Indonesia es un lugar que te lleva mucho tiempo ir de un lugar a otro. De Bali a Mentawai son dos días de ida y dos de vuelta. Te lleva tanto tiempo que tenés que quedarte lo máximo posible, si no te la pasás viajando”.

Nacho y el medio de transporte por excelencia para recorrer la islas.

Al repasar toda la experiencia, Nacho es claro: “El objetivo era volver a conectar con el surf en su esencia, y se cumplió. Lo disfruté muchísimo”.