Algunos sueños se alcanzan a fuerza de talento; otros, de perseverancia. En el caso de Agustín Zanotta, hubo de los dos. Hace cinco años, el surfista de La Paloma, Uruguay, se embarcó en su carrera de surfista profesional. Un proyecto de vida que lo llevó, este 2025, a vestir la celeste en un mundial por primera vez. Además, recorrió el circuito ALAS de punta a punta y participó del Sudamericano y los Panamericanos, consolidando un año de competencia tan exigente como inspirador. Sin patrocinadores, Agustín encontró la forma de financiar los campeonatos y viajes trabajando como guardavidas durante el verano uruguayo. Su camino habla de mérito propio, de trabajo y de una determinación que lo llevó a cumplir lo que soñaba.
Conversamos con el surfista uruguayo sobre este año que marcó un antes y un después en su carrera, el proceso que lo llevó hasta acá y las experiencias que fue acumulando entre viajes, competencias y horas de entrenamiento.

Agustín Zanotta cumpliendo el sueño mundial.
¿Cómo llega el surf a tu vida?
Arranqué bien chico, a los seis o siete años, en una escuelita que había en la bajada de mi casa, en La Aguada. Después hubo un evento ahí abajo cuando tenía ocho años.
Me enteré porque pusieron un cartel en la playa que decía “USU”. Hicieron un campeonatito, lo corrí y me acuerdo que llegué a la final de Sub 12. Ese fue mi primer contacto con el surf competitivo.
En el surf estoy metido, seguramente, por mi viejo. Si bien no fue surfista toda la vida, hubo un tiempo en que vivió en Hawái, donde aprendió a surfear, y me transmitió esos valores. Después fue pescador, así que siempre estuve cerca de la playa, y mi madre era nadadora.
Mi hermano mayor también surfeaba, arrancamos más o menos juntos. Tener referentes más grandes, y encima tu hermano, era una gran inspiración.
El 2025 fue tu gran año. ¿Lo sentís así?
Sí, este fue un tremendo año, deportivamente y de muchos cambios. Arranqué quedando tercero en la Copa Río de la Plata en Montoya, que fue un pequeño fruto de todos estos años dedicándole al surf.
Todo cuadró este año: desde lo económico, tuve tiempo y estuve bien equipado con las tablas.
Estuve ahorrando dinero para hacer todos los ALAS que pudiera, y al final terminé compitiendo para Uruguay en el Sudamericano, Panamericano y cumplí el sueño de estar en un Mundial.
Me fue bastante bien, aunque me quedó la espina del último heat donde quedé eliminado. Quedé dentro del top 50 entre más de 160 atletas. Fue muy motivante y otro pequeño fruto de este proceso.
No quiero decir que el 2025 fue el año, porque quiero redoblar la apuesta para el 2026.

Agustín Zanotta en acción durante el mundial en El Salvador. Foto: Jersson Barboza.
En la selección debutaste en el Panamericano de Perú el año pasado. ¿Cómo viviste ese debut?
Ese fue un campeonato muy importante para mí. Ya había competido con Uruguay en selecciones juveniles varias veces, pero siendo mayor no había tenido esa oportunidad. Se dió en ese evento.
Volver a ponerme el uniforme de Uruguay, con la bandera en el pecho, y con la gente apoyándome, se vive distinto.
Fue súper importante porque me encontré con un panorama muy profesional. Me encanta el deporte y el alto rendimiento, y encontrarme con eso de cerca fue motivante.

Durante el debut con la selección uruguaya en los Panamericanos 2024 en Punta Rocas, Perú.
Estos logros fueron fruto de un proceso. ¿Cuál fue tu plan?
Siempre había querido competir afuera. Admiraba a los uruguayos que lo hacían y era un sueño mío. Pero nunca había podido por temas económicos.
Entonces decidí formarme como guardavidas, una profesión que va de la mano con lo que me gusta, que es estar en el mar, y además me permite trabajar muchas horas en verano para ahorrar dinero y competir durante el año. Ese fue el puntapié inicial: conseguir recursos.
Durante la formación como guardavidas tuve contacto con deportistas de otras disciplinas, y preguntándoles qué hacían, cómo se rodeaban, me di cuenta de que yo solo con mi tablita abajo del brazo no podía llegar a ningún lado.
Entonces empecé a armar un equipo: hacer las tablas con Seba Cabrera de Austral, que me ha dado tremendo apoyo hasta hoy; trabajar con un nutricionista, un psicólogo, entrenadores físicos. Se terminó formando un lindo grupo que me acompaña.
Te puede interesar:
Luisma Iturria: referente de una generación del surf uruguayo
Charlamos con Inés Beisso
Financiás tu carrera con tu propio trabajo, algo que no es común. ¿Cómo lo vivís?
Es muy loco. Me mueve muchas cosas, para bien y para mal. Para bien, me siento super merecedor de donde estoy, creo que me sacrifico un montonazo por lo que hago.
Es enriquecedor saber que estás dándolo todo para estar donde estás, y que se nota que querés estar ahí. Todo el trabajo, el ahorro, el no gastar un peso en Uruguay para poder competir afuera, es el motivante.
Después pasa que, llegando a fin de año, tengo que volver a enfocarme en los eventos nacionales, y no puedo dedicarme al surf tanto como quisiera, porque tengo que trabajar. Y eso afecta el rendimiento.
Hace años pensaba “¿por qué a mí me toca tener que pelearla así y a otros no?”. Pero entendí que ese pensamiento no te lleva a nada. Hay que aceptar dónde estás y darle con todo.
Ojalá consiga algún apoyo el año que viene para competir los QS, porque con lo de guardavidas no alcanza para eso.
Este año hiciste el circuito ALAS de punta a punta. ¿Cómo fue esa experiencia?
Estuvo buenísimo. Hubo muchas etapas en lugares que de niño veía en videos y siempre había querido conocer. Y otros lugares que no conocía y me sorprendieron mucho.
El ALAS es uno de los circuitos con las mejores olas del mundo. Comparado con los QS o los nacionales, es otra cosa. La gente es muy cercana, se conocen entre todos y enseguida te integran.
En cuanto al nivel, si bien el QS tiene más jerarquía, este año el ALAS estuvo muy fuerte. Desde que el surf se volvió olímpico, y el ALAS es parte de la ruta olímpica, todos los países le están dedicando muchos recursos y eso lo fortaleció.

Latazo de backside en el evento ALAS en Bocas del Toro, Panamá. Foto: Philippe Demarsan
Fuera del agua fue toda una aventura. Estuvieron muchos meses recorriendo el continente, ¿no?
Fueron casi cinco meses sin parar: Sudamericano y ALAS en Perú, luego Guatemala, El Salvador, Panamá, Nicaragua, Costa Rica, y de nuevo El Salvador con el Mundial. Siempre viajando en grupo y dividiendo los traslados, cocinando lo máximo posible, tratando de ser organizados con la comida y el hospedaje.
El Mundial de El Salvador fue el sueño cumplido. Contame sobre eso.
El Mundial era "EL" evento. Fue el motor. Me acuerdo que hace cinco años veía a la selección uruguaya y pensaba: “yo quiero estar ahí”. Me armé una ruta de objetivos para llegar, y demoré cinco años, pero llegué.
Cuando clasifiqué, le mandé mensajes a varias personas que me habían apoyado desde el principio. Es loco, porque solo ir al Mundial no alcanza: tenés que rendir, pasar rondas. Por suerte se dio, tuve heats muy buenos. Hubo uno en particular donde me salió todo bien, fue una sensación nueva.
También me marcó mucho un momento con unos chicos de África que hablaban en portugués. Les pregunté de qué país eran, y cuando hice esa pregunta me di cuenta de que yo también estaba representando a mi país. Me quedó eso en la cabeza: que estaba representando a mucha gente, la que conocés y la que no, y querés hacerlo bien.

En competencia durante el mundial. Foto: Sean Evans.
En la selección se dio una renovación generacional. Estuviste preparado para ese momento.
Sabía que tarde o temprano iba a llegar. Me aferré a los valores del deporte, la perseverancia, estar siempre ahí. La suerte se da cuando estás preparado. A veces llega la oportunidad, pero si no estás listo, no pasa nada.
Viviste en otros países siendo bastante chico. ¿Cómo fueron esas experiencias?
Con 19 años me fui a Australia, donde estaba mi hermano, a trabajar sin visa en la construcción. Fue una etapa que no había soñado, pero sí quería vivir.
Fue como que la adultez me golpeó la cara: trabajar para pagar las cuentas, hacer las tareas de la casa.
Cuando se me venció la visa de turista me fui a Hawái, también a trabajar. Ahí fui solo. Me marcó mucho, porque entendí que mi camino iba más por el deporte. Fue una etapa de madurar y de autoconocimiento, de ver mis debilidades y lo que extrañaba hacer. Ahí comenzó todo el proceso que te conté.
Un par de años después fui a Nueva Zelanda con una visa working holiday. Pasé todo el invierno allá, trabajando y entrenando. Fui sabiendo que había tremendas olas, con la intención de competir. Tuve mala suerte: hubo un evento y luego se cancelaron los demás, así que no pude competir mucho.
¿Qué olas te gustaron más en estos últimos viajes?
El Salvador y Nicaragua son lo mejor. En El Salvador tenés olas largas, points perfectos con tubos, beach breaks con tubos, y mucha constancia.
En Nicaragua es perfecto también, más chico, las olas no son tan largas pero son impecables. Viento off shore todos los días, siempre está glass. Solo te preocupás por agarrar la marea que querés y no surfear con tanta gente.

Agustín en Playa Venao, Panamá.
¿Qué representa el surf en tu vida?
El surf es una especie de pasión mezclada con adicción. A veces me pregunto si soy adicto, si tengo que tratarme. Y encima lo combinás con la ambición del deporte. Es mi pasión y mi adicción, pero por suerte es una adicción muy sana.
¿Qué ambiciones o sueños te quedan por cumplir?
Ahora, con la etapa de Guatemala, la idea es que me vaya lo mejor posible y mantenerme en el top 10 del ranking. Ese es el objetivo a corto plazo.
Un objetivo claro sería salir campeón uruguayo. Y a largo plazo, clasificar a los Juegos Panamericanos de Lima 2027, y que se dé todo para llegar a las Olimpiadas de 2028. Si no, armar todo un nuevo ciclo para las siguientes.
Además, otro objetivo importante es conseguir sponsors que me apoyen para poder lograr todo esto.