El Mes del Mar en Chile es, por tradición y calendario, un punto de inflexión. Mayo llega con las las Glorias Navales, una época donde es un ritual obligatorio peregrinar a Iquique para lo que marcó el inicio del surf de competición en Chile, el emblemático campeonato "Héroes de Mayo".
Este evento no solo rinde honores a la historia del surf, sino que concentra en sí la promesa de una transición necesaria para el surf nacional.

Foto: Archivo Chilesurf.
¿Cómo estuvo el Mes del Mar este 2026?
Este año, sin embargo, el comportamiento del Pacífico nos regaló un escenario particular durante las primeras semanas: las olas estuvieron presentes, claro, pero carecían en un principio de ese carácter indomable, de esa furia perfecta que nos entregó el mes de abril y que Nathan Florence disfruto ya hace un año tras su pasada por Chile.
No me malentiendan, sí hubo olas, pero fue un mayo de condiciones moderadas al inicio, como si el mar supiera que la mirada del país estaba puesta en el legado histórico y decidiera bajar las revoluciones, tomándose un respiro.
Mirando al norte
Sin embargo, ahí reside la magia de este territorio indómito. Cuando el sur comienza a enfriarse de verdad, cuando los bosques verdes que bordean las rompientes empiezan a sentirse pesados y el frío se vuelve un adversario que cala los huesos, nuestra brújula apunta inevitablemente hacia el Norte Chileno.

Foto: Archivo Chilesurf.
Es el momento de dejar atrás los paisajes verdes, los colores saturados por la lluvia y la vegetación exuberante del sur, para abrazar la inmensidad del desierto chileno.
Hay un cambio de frecuencia mental en este viaje, una metamorfosis geográfica: el paso del bosque denso al matiz infinito del desierto más seco del mundo. Es un contraste visual violento y hermoso. De repente, la vegetación desaparece, el horizonte se expande infinito y los colores se transforman; el oro viejo que se funden con el cielo encendido de los sunsets norteños.
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Foto: Archivo Chilesurf.
La peregrinación: de Totoralillo a El Buey
La primera parada de esta migración nos recibe en la Región de Coquimbo. La Serena nos da la bienvenida con sus largas avenidas costeras, pero es Totoralillo el verdadero oasis que reactiva los sentidos.
Sus aguas de un verde turquesa cristalino y sus fondos de roca y arena ofrecen derechas e izquierdas de diferentes categorías, un aperitivo perfecto para despojarse de los trajes gruesos y comenzar a sentir la calidez del sol.
Hacia las profundidades de Atacama, el desierto se vuelve más severo, pero premia al viajero en Caldera con la joya: Portofino. Una derecha increíble sobre la roca que contrastan con la aridez absoluta de los cerros que la custodian.

Foto: Archivo Chilesurf.
Al adentrarnos en Tarapacá, llegamos al epicentro histórico de este mes: Iquique. Aquí, la cultura de mar se vive con una intensidad única. Bajo la mirada atenta de la península, la costa iquiqueña es un festival de arrecifes perfectos a la vista de los ediciios de la costanera.
Las Urracas izquierda de consistencia clásica que a pocos metros se encuentra con El Colegio derecha imponente donde primera ve pude ver a un joven Camilo Hernandez con Roddy Alvarez saltando sobre el reef como si fueran de espuma. Una ola gruesa y pesada que exige respeto y lectura precisa, no perdona.
Y frente al centro de la ciudad, La Intendencia intimida con su carácter rompiendo con fuerza sobre una plataforma poco profunda, un verdadero laboratorio para el surf.

Luego Arica aunque la primera mitad del mes mantuvo un perfil bajo en comparación al salvaje Abril, el Pacífico Sur tenía guardado un as bajo la manga.
Alrededor del 18 de mayo, las boyas comenzaron a marcar la llegada de un sólido groundswell con una dirección perfecta del Oeste-Suroeste (WSW) y un período inusualmente alto.
Fue el llamado de alerta: las condiciones meteorológicas se alinearon y el verdadero potencial del carácter del Norte de Chile despertó majestuoso.

Foto: Archivo Chilesurf.
En la mítica Isla Alacrán, El Gringo ó Flopos como le dicen en el Bodyboard, se activó con toda su crudeza clásica. Este "Pipeline chileno" comenzó a escupir tubos perfectos, secos y violentos sobre el arrecife de roca, demostrando por qué es una de las olas más temidas del planeta.
Casi en paralelo, mar adentro, El Buey despertó de su letargo. Esta ola gigante, una mole de agua que desplaza toneladas de energía sobre un bajo profundo, mostró su faceta más imponente entre el 20 y el 22 de mayo, coincidiendo de manera poética con las Glorias Navales.
Fueron jornadas de condiciones épicas, donde los surfistas de ola grande desafiaron auténticas montañas de agua turquesa bajo un cielo completamente despejado.

El Buey. Foto: Johannes Bock.
En resumen
Este Mayo, a pesar de que comenzó esquivo y pareció no querer rugir con la consistencia de abril, terminó por darnos una lección de paciencia y geografía.
Nos dio la oportunidad de migrar, de entender que el surf en Chile durante este mes es pura transición. Es el periodo donde cambiamos el traje grueso por uno más flexible, el mes donde dejamos la leña encendida en el sur para buscar la calidez del sol desértico sobre la piel, desde Totoralillo hasta El Gringo, brillan la ruta del surf como joyas turquesas en la inmensidad de la nada.