Luego de unas dos semanas entre Huanchaco y Chicama, llegó la hora de seguir rumbo al norte por la costa peruana para visitar los últimos dos destinos en el país incaico: Lobitos y Máncora.

El viaje de Huanchaco a Lobitos
Llegar desde Huanchaco a Lobitos es muy fácil. Lo que hice fue tomar un taxi hasta la terminal de ITTSA Bus en Trujillo, y desde ahí me tomé un ómnibus hasta Talara. El viaje es nocturno y dura más o menos 9 horas.
Algo que me pareció llamativo en Perú es que cada empresa de ómnibus tiene su propia terminal.
Llegué a las 8 am a Talara, y de ahí me tomé un taxi a Lobitos, que queda más o menos a media hora. Llegué como a las 10 am.
¿Cómo es Lobitos?
Ya había conocido Lobitos en 2019, cuando fui con mi padre y un amigo, así que el lugar me era familiar. Fue el primero de los dos spots que revisité en este viaje.
Para describir a Lobitos podría decir que tiene algunas cosas de Punta del Diablo o Cabo Polonio. Es un pueblo pesquero, chico y tranquilo. Todo cierra temprano y las noches son silenciosas y oscuras. Lo único que se escucha es el viento del desierto costero del Perú y las olas que rompen en la orilla.
Si hay algo que me gusta del norte peruano, además de las olas, es el clima. El desierto totalmente seco me encanta. Siendo una persona que ha sufrido de rinitis toda su vida, puedo decir que en las dos semanas que estuve allí no estornudé ni una sola vez.

Surf en Lobitos
El primer surfing en Lobitos fue al fin de la tarde el mismo día que llegué. Estaba bueno, con una olita por el pecho la más grande, muy divertido.
La ola de Lobitos tiene varias secciones bien marcadas que se repiten en cada ola. Es lo más parecido a una piscina de olas que he visto. Tiene secciones gordas, que son para pegarse a la espuma, y otras que son para acelerar, tirar maniobras o intentar meter un techito.
Como en cada lugar, las primeras sesiones son para agarrarle la mano, y esta no fue la excepción. Un mal hábito que tenemos los surfistas intermedios es apurarnos a hacer una maniobra cuando la ola te pide otra cosa, y eso era exactamente lo que me estaba pasando y me estaba dando problemas para conectar las secciones.
Ahí fue que conocí a Benjamín, un guacho localazo de Lobitos que anda muy bien. Ya un poco frustrado por ver que dos olas buenas se me habían desperdiciado, con la gran simpatía que lo caracteriza me explicó que en esa sección tenía que pegarme a la espuma y luego acelerar. Incluso me dejó un par de olas para que lo probara.
Resulta que a este gurí lo apoya el hostel donde yo me hospedaba, así que fue uno de los personajes recurrentes que tuvo este capítulo del viaje. Un crá.

Los spots
Este lugar tiene una linda variedad de spots en la vuelta, todos points de izquierda. La ola principal es La Punta, que está frente al pueblo. Luego, al sur está Baterías y al norte está Piscinas. Se puede llegar a ambas olas a pie, aunque para mayor comodidad podés coordinar con un mototaxi para que te lleve y te traiga, o alquilar una moto.
La ola que más me gustó fue Tres Cruces, a unos 20 minutos en mototaxi o moto. Es una playa que recibe más swell, por lo que cuando en Lobitos estaba chico, acá había muy buenas condiciones. Ahí fue donde tuve las mejores sesiones.
Los días fueron pasando y terminé quedándome dos semanas. Muchos días estuvieron bastante chicos, pero no me importó. Estaba en un lugar muy lindo, surfeando una, dos o hasta tres veces por día, y pasándola muy bien.
Pasó la fase de grupos del Mundial y la desastrosa actuación de la selección uruguaya, acompañadas de Cusqueñas, ceviches y lomos saltados en El Ancla, para no perder la costumbre.
¿Dónde quedarse en Lobitos?
Para mi estadía en Lobitos ya tenía claro que quería estar frente a la ola, así que me quedé en el hostel Tayta Surf House, en un cuarto con vista al mar.
En ese lugar me gustaba dormir con las ventanas y cortinas abiertas, para sentir la brisa y el ruido del agua, y que la primera cosa que viera al abrir los ojos cada mañana fuera la izquierda de Lobitos rolando.
De Lobitos me llevé buenas amistades y un lugar familiar al cual volver.

Segunda parte: Máncora
Ya habían pasado 30 días desde que comencé el viaje y era hora de avanzar. El próximo destino era Ecuador, y para dirigirme hasta allí hay un ómnibus que sale desde Máncora y me dejaba en Guayaquil.
Así que el 30 de junio partí para Máncora con pretensiones de pasar solo unas pocas noches, conocer el lugar y seguir viaje.
Para ir a Máncora simplemente fui en un taxi compartido a Talara —"colectivo" como le llaman ellos— y de ahí me tomé un bus directo.
Dicho y hecho, solo pasé 4 noches en Máncora. La verdad, no me pareció un buen lugar si lo que estás buscando es surfear. La ola estaba buena y divertida, pero había demasiado crowd y no me pareció que valiera tanto la pena.
El pueblo no estaba mal, pero tampoco fue algo que me haya encantado. De Máncora lo que más rescato fueron las personas que conocí en esos pocos días.
Si llegás a ir a Máncora algún día, te recomiendo hospedarte en Laguna Surf Camp. Me quedé ahí y el lugar lo tiene todo a un precio recontra accesible: es muy tranquilo, cerca de la playa, alejado del ruido y la dueña es surfista.
En esta nueva entrega de Crónicas del Pacífico se termina la etapa en Perú. Para la próxima, les estaré contando cómo me fue en Ecuador.

Con esta postal en Máncora me despedía de Perú, listo para tomar el bus hacia Ecuador.