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Crónicas del Pacífico: Huanchaco y Chicama

Bruno Aguilar
Lectura: 9 minutos

Quienes leen lo que publicamos en Lineup a diario quizás están familiarizados con mi cara y mi nombre, por verlo al comienzo de muchas de las notas que aquí publicamos.

Pero quizás otras no, y como este contenido será algo diferente, aprovecho para presentarme de nuevo. Me llamo Bruno y soy parte del equipo de Lineup desde hace ya un par de años.

Este año me embarqué en un viaje de cinco meses, con la idea de visitar cinco países en busca de olas y nuevas experiencias.

La idea de publicar esta serie de crónicas es compartir lo que voy haciendo en este viaje y, obviamente, pasar algunos tips que voy encontrando en el camino.

El viaje comenzó el lunes primero de junio, y el primer destino fue Perú. Sí, vengo un poco atrasado con las publicaciones, pero prometo ponerlos al día.

Tomé el avión de Montevideo a Trujillo, con escala en Lima. Al salir del aeropuerto de Trujillo, a 15 minutos en taxi está Huanchaco, cuna del surf peruano. Donde todo comenzó con los caballitos de Totora.


El muelle de Huanchaco.

¿Por qué Huanchaco primero?

Bueno, elegí ese lugar como primer destino por dos motivos: obviamente conocerlo y surfear ahí, ya que es un spot de izquierdas súper constante. Pero también porque es el lugar perfecto para hacer base y esperar a que entre un buen swell para correr en Chicama.

Cuando hay un swell importante, Huanchaco queda pasado. Y es ahí cuando todos migran a spots más refugiados, y en ese sentido, Chicama es la reina, porque es cuando se pone realmente bueno.

Este año está siendo bastante particular en lo climático. El fenómeno de El Niño ha tenido más potencia, lo que se traduce en mayor consistencia de swells y más calor. Según comentaban muchos locales, en pleno junio, no es habitual andar de chancletas y bermuda todo el día en esta zona. Para mí, mejor.

Llegué el martes 2 de junio a las 6 de la mañana a Huanchaco. El pueblo me recibió con condiciones sólidas, con izquierdas quebrando por arriba de la cabeza y buen recorrido.

Yo venía de más de un mes sin surfear en Uruguay, así que las primeras sesiones fueron para sacar el óxido y ponerme a tono para lo que se venía. Y el timing no pudo ser más perfecto: uno de los swells más grandes del año llegaría a la región el sábado 6.

Algo que no me gustó de Huanchaco es que la ola tiende a cerrarse, sobre todo cuando hay un tamaño. Por lo que muchas veces se complica para conectar las secciones. Al mismo tiempo, si la conectás bien podés llevarte una izquierda increíble y larguísima.


La ola en Huanchaco al segundo día, con el swell entrando. En ese momento, estaba conversando con Jules, el fotógrafo que está todos los días filmando el surfing. Me comentaba que cuando la ola se pone así, la gente elige ir a otros lugares.

¿Dónde quedarse en Huanchaco?

Si andás a pata como yo, mi recomendación es buscar un hospedaje frente a la ola. En mi caso, me quedé en un Airbnb a unas cuadras, por lo que tenía que caminar casi 10 minutos para llegar a surfear o solo chequearla.

Frente a la ola vi un par de hostels y hospedajes que parecían buenos. Hay uno que se llama Pointbreak, y está justo frente a la ola; es uno de los puntos de referencia visual para ubicarse en el lineup.


En este sector del pueblo es donde está el surf. Luego de esta experiencia, decidí que todos mis hospedajes sean, en la medida de lo posible, frente a la ola.

Llega el swell y me muevo a Chicama

Pasaron los primeros días en Huanchaco y el pronóstico marcaba que el gran swell llegaría el fin de semana. Así que el operativo Chicama ya se puso en marcha. El sábado ya estaba en viaje hacia la tierra prometida de las izquierdas eternas.

Moverse de Huanchaco a Chicama es bastante fácil. Un taxi puede llegar a cobrarte entre 150 y 200 soles. Si dividís el viaje con otras personas es accesible, y si no, una de las escuelas de surf en Huanchaco tiene combis que salen todos los días a las 6 am hacia Chicama y también hacia Pacasmayo, otra izquierda muy buena que no tuve el gusto de conocer esta vez.

Chicama es un spot que necesita un buen swell para mostrar su potencial y regalarte las olas más largas de tu vida. Y como ya contamos en la guía de surf de Chicama, si te quedás ahí fijo y el swell no entra, podés agarrarte el embole de tu vida.

El viaje a Chicama empezó un poco torcido. El día antes, un perro del barrio me había mordido. Ya me había ladrado los días anteriores, pero esta vez se acercó sin ladrar, haciéndose el boludo, y me garroneó por atrás.

La mordida fue pequeña, pero lo suficientemente fuerte como para hincarme dos dientes por arriba de la bermuda, y tener que visitar el hospital por precaución.


Hay animales que pasan por nuestra vida y, sin saberlo, dejan una marca. Este fue uno de esos.

Ahí me curaron y me recetaron antibióticos. Pa' qué... Esa tarde, por ignorante, me tomé el antibiótico con el estómago bastante vacío, para luego ir a merendar unas tostadas con huevo, tocino y café. Vaya qué error. Transcurrió la tarde y comencé a sentirme mal. A las 2 am estaba vomitando todo.

Así fue que arranqué para Chicama, mal dormido y un poco débil por el efecto del antibiótico, que claramente no volví a tomar. Dejé el episodio del perro atrás — rabia no tenía, porque ya había mordido a otras personas antes, así que ya no me preocupó.

Mi experiencia en Chicama

Llegué al pueblo al mediodía. El swell ya había comenzado a entrar y las condiciones estaban buenas. Luego de conseguir algo de comida (fue toda una misión) y acomodarme en el hotel, llegué al agua para el fin de tarde.

Como vimos en la guía de surf en Chicama, tenés dos opciones para llegar al pico: contratar un bote o ir caminando. Para esta primera sesión fui caminando, tranquilo.

Son aproximadamente veinte minutos de caminata hasta pasar la sección de El Point. La caminata puede ser un poco engorrosa, pero la vista lo compensa. Vas bordeando la bahía: por un lado, la majestuosidad del desierto con sus dunas gigantes y el Cerro Malabrigo en la punta; y del otro lado, el Pacífico. Es muy difícil no flashear que estás en otro planeta.


Luego de hacer el check in, lo primero que hice fue ir a una ventana que tenga vista a la ola. Así me recibía Chicama.

En esta primera sesión pude llevarme algunas olitas y conocer la sensación de surfear Chicama. Solo un pequeño adelanto de lo que iba a ser el día siguiente.

Para el domingo contraté un bote a primera hora de la mañana. A las 8 am ya estábamos entrando al agua. El swell había crecido y Chicama se puso como se tenía que poner. Ir entrando en el bote y ver cómo iban pasando esos trenes fue increíble. Sabía que la sesión que tenía por delante iba a ser especial.

En la tarde hice una tirada sin bote. También estuvo bueno, pero no tanto como en la mañana.

Para sorpresa de todos, el lunes fue el pico de energía del swell, y no el domingo como marcaba el pronóstico.

Este fue el día en el que me llevé las mejores olas. El único registro visual que pude tener fue este Cam Rewind. ¡Gracias Lineup!

Me quedé contento de haber podido experimentar la ola de Chicama en su mejor expresión: con un swell contundente, surcando esas paredes infinitas.

La sensación de estar en esa ola es única. Es surfear con mucho tiempo para posicionarte en la tabla, con curvas largas pero mucha velocidad.

Y el POV es loquísimo. Es mirar y ver una pared larguísima que, más adelante se transforma en una ondulación infinita.

También en la sección de El Hombre logré conectar una ola que me dejó feliz para todo el viaje. Es una sección más rápida y vertical; encadené un montón de maniobras, y cuando pensaba que la ola podía terminar, simplemente seguía y seguía. Un dron me grabó esa ola, pero nunca pude dar con el fotógrafo.

La última noche la pasé en Sueños de Chicama, el host de la cámara de Lineup en Chicama. Si quieren tener una buena estadía, se los recomiendo.

Allí conocí a Pier y Mario, dos limeños con los que nos hicimos amigos, surfeamos la última mañana juntos y compartimos el transfer de vuelta a Huanchaco el miércoles.


El fin de tarde del lunes.

La confusión con el dron

La estadía en Chicama llegaba a su final, y yo me había quedado con las ganas de llevarme un recuerdo, algún video surfeando. No tuve mejor idea que contratar una sesión de bote y dron para mí y mis dos panas. El swell ya estaba bajando, pero esperábamos tener una ola decente.

El precio del dron era "150$". Sospechosamente barato, pero lo acepté igual. Lo que nunca pensé era que el precio estaba en dólares y no en soles: resulta que en Perú, al dólar lo escriben solo con el signo "$" (no USD, ni U$S, como en cualquier otra parte del mundo).

Luego de la sesión llegó el momento de pagar, y recién ahí me cayó la ficha. Finalmente llegamos a un acuerdo con el tipo y le pagué menos, aunque igual era dinero que no tenía pensado gastar.

Para peor, esa sesión fue malísima. El swell había bajado y la ola solo rompía en la sección de El Point. Cuando llegamos no había nadie, pero media hora más tarde empezó a llenarse, y cuando quisimos acordar, el lineup era un caos total. Todo el mundo que se había quedado en Chicama, amontonado en una sola sección.

Además, como el mar no tenía tanta energía, tampoco había deriva, así que un bote en esas circunstancias era totalmente innecesario. Y tampoco me llevé una ola digna de ser filmada.

La moraleja de esto: si estás en Perú y te dicen un precio en "$", es en dólares. Y ante la mínima duda, preguntá.

El aprendizaje quedó, y por suerte las olas surfeadas también. Me voy contento por haber agarrado esta ola en todo su esplendor.

Con el fin del swell, también se terminó mi estancia en Chicama. Así que, luego de esos cinco días, tocó volver a Huanchaco, donde pasé menos de una semana.

¿El próximo destino en terreno peruano? Lobitos. Pero eso quedará para la próxima edición de estas Crónicas del Pacífico.