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Chapatrapa y la fuerza invisible que habita en Chapadmalal

Bruno Aguilar
Lectura: 6 minutos

Hablar con Billy, fundador de Chapatrapa, es adentrarse en la historia viva del surf en Chapadmalal. Desde fines de los noventa, su escuela se convirtió en un punto de encuentro, formación y comunidad para generaciones de surfistas.

Para Billy, Chapa es un lugar con energía propia, cargado de historias y leyendas. Originalmente, el territorio de Chapadmalal fue habitado por los pueblos indígenas pampas y tehuelches. Tribus que según cuenta Billy, eran bastante territoriales y reservadas.

Y mucho antes de eso, hace millones de años, un meteorito cayó sobre las aguas de la zona, cambiando el curso del planeta y la configuración de la plataforma submarina. Entonces, no es una locura pensar que las olas de Chapadmalal están cargadas de una fuerza especial, en conexión directa con el universo.

En estas aguas también dejaron su huella —y su vida— dos figuras históricas del surf argentino: Renato Tiribelli, shaper legendario, y Hugo Pedernera, médico de la selección argentina de surf. Para Billy, su memoria es parte de la identidad del lugar y de la mística que envuelve a Chapatrapa.

En esta charla, Billy repasa los comienzos de la escuela, su conexión con Chapadmalal y la energía única que hace de Chapatrapa un lugar clave dentro del surf argentino.


Un día clásico en Chapadmalal. Foto: @yayo.foto.

¿Cómo empezó Chapatrapa?

Arrancamos en la playa del Hotel 5, en 1999. En esa época no había nada parecido. Empezamos a darnos clases entre nosotros, para que la gente viera, y de a poco se empezó a acercar el público. Así llegaron los primeros alumnos.

¿Y cómo fue creciendo la escuela desde entonces?

Estuvimos en la playa del Hotel 5 hasta 2003, y luego nos mudamos a donde estamos ahora, entre el Hotel 3 y el 4. Con ese cambio llegó el apoyo de varias marcas nacionales. Ya teníamos más visibilidad y un mayor volumen de clases.

Es un semillero de lo que es Chapa. Salieron buenos riders, tanto de surf como de skate. En 2011 hicimos una ONG, fabricábamos tablas y dábamos clases y merienda a chicos en situación vulnerable.


La ola de Chapa desde adentro. Foto: @earano.ph.


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¿Qué te une a Chapadmalal? ¿Cuál es tu historia con el lugar?

Nosotros somos de Buenos Aires y teníamos casa de veraneo acá. Empecé a surfear en 1994, por ver a unos guardavidas que lo hacían; nos hicimos amigos y ellos me enseñaron. Ahí se me despertó la pasión y me quise quedar y apostar por el surf.

Chapa tiene una energía… Antes era muy mística, y un poco de eso se perdió, aunque sigue estando. Es un lugar con el que tenés que conectar. Te pueden hablar de Chapa, pero si no vivís ahí, si no pasás por cosas — como pasar hambre y frío, lucharla todos los días— no sabés lo que es. Es un lugar que te pide que lo curtas, que le apuestes, y te atrapa. Por eso el nombre Chapatrapa.

Yo dejé muchos amigos acá, surfistas locales que ya no están, que fallecieron por accidentes o por salud. Se ponían la camiseta de Chapatrapa. Esas historias no las sabe cualquiera, solo los que somos vieja escuela. Los inicios eran los más puros. Éramos cinco en el agua.


Chapadmalal, un lugar con mística.

¿Cuáles son tus spots favoritos de la zona?

Vivo frente a un point que me gusta mucho, el Presidencial. En lo que es la Unidad Turística, donde están los hoteles, hay siete picos diferentes.

Cuando activa una tercera rompiente, la que está más atrás, a 200 metros, se pone heavy. Ahí me quebré las costillas, la tibia y el peroné, tuve muchos cortes.

Después está un point que tengo tatuado: el PSP. Es con fondo de piedras, incluyendo restos del meteorito que cayó hace más de tres millones de años. Por eso se formó la plataforma submarina que hay acá en Chapa. Eso te habla de la energía del lugar.


Nuestro entrevistado, Billy, en un izquierdón en Chapa.

¿Cómo funciona hoy la escuela?

Somos 14 profes y abrimos todo el año. También tenemos un guardavidas. En temporada damos clases de yoga gratis tres veces por semana, mañana y tarde.

Las clases de surf son teórico-prácticas, con una parte de adaptación y orientación. Duran una hora y cuarto, con todo el equipamiento incluido y un profe por alumno.

Da la sensación de que Chapatrapa es más que una escuela, un punto de encuentro.

Totalmente. Chapatrapa funciona como una referencia del lugar. La ola que más rompe está justo enfrente. Ya pasaron cuatro generaciones de surfistas por acá. Se volvió algo muy familiero.

Hay fogones, es la sede de los campeonatos que se hacen junto a Quiksilver, en verano hacemos sorteos copados. Incluso hubo gente que se casó en la escuelita. También se usó para bautismos y fiestas de quince. Tiene una energía muy copada.

Es loco pensarlo: este lugar, con las colonias y los hoteles, era donde vacacionaba gente humilde. Y hoy es un punto estratégico del surf. El deporte le dio un impulso al lugar, y en Chapatrapa nos sentimos parte de ese crecimiento.

Este lugar tiene mucha historia. Acá quedaron personas importantes: Hugo Pedernera, médico histórico de la selección argentina, y Renato Tiribelli, shaper legendario. Con apenas dos años de diferencia, los dos fallecieron surfeando en Chapa.


Chapatrapa como punto de encuentro en Chapadmalal.

¿Qué planes tienen para la próxima temporada?

Lo que se viene es preparar bien la temporada. Queremos hacer talleres de rescate para que la gente entienda cómo manejarse en el agua, incluso sin haber tomado clases. También queremos sumar algo de jiu-jitsu, con amigos surfistas.

La idea es brindar comodidad y responsabilidad, que la gente sepa que está cuidada, y transmitir valores del mar. Que nadie venga y se sienta desprotegido. Que pase por la escuela, vea las indicaciones y reciba asesoramiento.

Estamos enfocados en el cuidado del mar y la educación sobre los códigos del agua. Queremos enseñar cómo hacer un rescate, un RCP, y promover un ambiente seguro y disfrutable para todos.