En esta entrevista, conversamos con el creador de Pocket Mini Tablas, un proyecto único que nació en medio de la pandemia. Tras el cierre de su fábrica de pelotas, Cristian Suar encontró en la creación de réplicas en miniatura de tablas de surf una manera de reconectar con su pasión por el mar. Desde entonces, su trabajo ha captado la atención de surfistas de todo el mundo, llevando sus creaciones personalizadas desde Argentina a países tan lejanos como China e Israel.

No se dejen engañar por el tamaño, crear una mini tabla lleva un gran trabajo detrás.
¿Cómo nace Pocket Mini Tablas?
Pocket Mini Tablas es fruto de la pandemia, antes me dedicaba a la fabricación de pelotas. Me encontré encerrado en casa, con dos nenas y mi mujer, que había quedado con menos horas de trabajo. Imaginate que la fábrica de pelotas se fundió al mes de estar encerrados. Estaba con la desesperación de tener que hacer algo, y decidí ir por algo que me gustara.
Siempre me gustó la madera, las tablas. Antes de llegar a esto, se me ocurrieron mil cosas que fui descartando, hasta que empecé con las tablas. Las primeras me salían horribles, pero con práctica fui mejorando. El objetivo era que cada surfista pudiera tener en su repisa esa tabla especial que le dio tantas alegrías o tristezas, que quizás ya no tiene o la tiene guardada.
Fabricabas pelotas, pero ¿te gustaba el surf desde antes?
Surfeo desde chico, pero vivo a 400 kilómetros del mar y soy consciente de eso. Durante la pandemia apareció esa desesperación por meterme al mar y no poder. Eso me llevó a buscar hacer algo que me conecte con el mar. Estuvimos encerrados mucho tiempo, y después de un mes y medio necesitaba algo que me conectara. Además, quedé re manija, porque el día que empezó el encierro estaba en Mar del Plata, tuve que volver a casa y encerrarme.
¿Cómo sería el proceso de creación de una tabla?
Siempre me basé en cómo hacen las tablas grandes los shapers. Tuve que adaptar algunas cosas, porque aunque es similar, no es lo mismo. La fibra que uso son recortes de tablas grandes cuando las laminan, lo mismo con el foam. Yo agarro esos recortes y hago un mini foam, incluso le agrego un alma de madera. Lo bueno es que es todo reciclado, salvo la resina. Luego va lijado y pulido, igual que una tabla grande. Como hago réplicas, todas las tablas son diferentes, entonces hay un proceso de investigar qué tabla es, ver el logo, rediseñarlo y diseñar el shape para que quede lo más similar posible. Las quillas también las hago con fibra de vidrio tintada.

En el taller de Pocket Mini Tablas.
¿Cuánto tiempo te lleva hacer una tabla?
Bastante. A tiempo completo, una semana, pero depende de la tabla. No es lo mismo una tabla con doble pin line finito negro o una con ocho sponsors. Hay mucho trabajo de diseño para que salga lo más parecido posible. Algunas tablas me han llevado hasta veinte días. Si es una tabla de los setenta no tan conocida, es más difícil conseguir la información técnica. Si me pedís una Channel Island, es mucho más fácil, porque entro a su web y está todo ahí.
¿Cómo es tu espacio de trabajo?
Ahora me hice un tallercito en el fondo de casa, pero mi primer taller era una caja de cartón arriba de una mesa. Estuve así durante un año y medio, y luego pasé a una caja de madera. Es algo muy loco, el taller es un shaperoom en miniatura, que es donde hago las tablas. Ahora lo perfeccioné, puse mejores luces y me hice un taller más grande, donde tengo un sector de resina y un sector de polvo. Antes lo hacía en el patio de casa. Algunos creían que Pocket Mini Tablas era una empresa, pero en realidad soy yo y mi mujer, que me ayuda a pintar.
¿Cuál fue el momento en que te diste cuenta de que el proyecto podía crecer?
Estaba haciendo las primeras tablas para amigos y conocidos, y toda mi familia diciéndome: "Buscate un trabajo, ¿qué estás haciendo con eso?". Entonces, Boardporn hace un post con una tabla mía, una Lost. Para qué... Me llegaron cerca de mil mensajes, estuve una semana contestando. Me pedían tablas de China, Estados Unidos, México, Chile, Brasil. Ahí fue cuando exploté. No tenía idea de cómo vender al exterior, pero cuando empezaron a pedirme desde afuera, fue un empujón terrible. Hoy el 90 % de los pedidos son para el exterior. Lost y Matt Biolos también me habían posteado.
¿Cómo les llegó a ellos tu trabajo? ¿Vos se lo mandaste?
Estuve tocado por la varita de Instagram. Nunca puse publicidad, desde el primer día Instagram me ama, no sé qué es, pero ellos me muestran. Nunca les mandé un mensaje directo ni nada.
¿Cuál fue el pedido más loco que te hicieron?
Una vez me pidieron dos longboards desde China. Algo muy loco es que Argentina le esté vendiendo algo a China. También vendí una para Israel. Recientemente hice una para Caity Simmers, la última campeona mundial, y otra para Griffin Colapinto. No me las piden ellos directamente, fue un periodista de la WSL que se las regaló. También hice la tabla de Lacalle Pou, que se la regaló un amigo de él.
Otro pedido que recuerdo fue una Gordon Smith de los ochenta. La unica referencia que tenía era una foto vieja que me mandó el cliente de cuando tenía 16 años con la tabla en la playa.
La reacción del público
La respuesta de la gente fue increíble. Mucha gente lo tomó como incentivo, y me preguntan consejos, personas que quieren hacer sus propias mini tablas. Muchos nenes me mandan fotos de lo que están haciendo y trato de darles una mano. Es algo muy lindo ver que lo que hago motiva a otros, sobre todo a los chicos.
¿Pensaste en hacer tablas grandes?
Lo he pensado, pero no lo veo. El trabajo de un shaper es muy admirable, es muy sucio, y hay que estar con máscara todo el tiempo. A veces me quejo del polvo que hago, que es una décima parte de lo que hacen ellos. Muchos me dicen que me ponga a hacer tablas grandes. Axel Lorentz, el shaper de Pukas, me contactó y me dijo "yo empecé haciendo tablitas, ponete a hacer vos también, esto te ayuda a afinar el ojo". Y es verdad, en las mini tablas los detalles importan mucho. Un milímetro es como un centímetro en una tabla grande, y cualquier falla, como un pelo o un pin line mínimamente desviado se nota mucho más.
Esto me ha acercado mucho al mundo del surf. Que me escriban personas como Mark Richards o Axel Lorentz para mí es algo impresionante.

Cristian es capaz de revivir reliquias de los años ochenta, como esta tabla Gordon & Smith.
¿Objetivos a futuro?
Quiero afianzarme como “el que hace mini tablas”. Ser el primero. Es un hobby que me da un rédito económico, pero no lo pienso 100 % como un negocio. No quiero hacer ciencuenta tablas por día y vender y vender. Quiero vivir de algo que me guste hacer, no de algo que me dé plata. La situación económica del país me descolocó, tuve que duplicar los precios, pero sigo con la idea de que esto sea algo personalizado y especial.
Conclusión
Pocket Mini Tablas es el claro ejemplo de cómo, con pasión y dedicación, se pueden crear cosas increíbles incluso en los momentos más complicados. Lo que comenzó como un pasatiempo se convirtió en un proyecto que conecta a surfistas de todo el mundo con sus recuerdos y su amor por el mar. Al final del día, no se trata solo de hacer mini tablas, sino de capturar la esencia del surf en cada pieza.