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Fiestas Patrias y la huella en la arena

Max Petit-Breuilh
Lectura: 3 minutos

En Chile, septiembre es sinónimo de Fiestas Patrias. Con el flamear de las banderas y el aire primaveral, miles de chilenos vuelven la mirada hacia el mar.

Estas fechas son uno de esos momentos del año en que se busca la libertad del espacio abierto, la reunión familiar y el descanso a lo largo de nuestras costas, algo que también he podido observar en diversos rincones de Latinoamérica durante sus propias festividades.

Sin embargo, como observador de nuestro litoral, no puedo dejar de reflexionar sobre la necesidad de abordar estos días con un comportamiento responsable.

Celebrar a Chile implica también cuidar su tierra y su mar, y a mi juicio, existen dos claves ineludibles que deben guiar nuestra conducta en las playas, incluidas las Fiestas Patrias.


La bandera chilena y las olas de El Quisco en nuestra cámara en vivo.

La primera clave es la prudencia y la seguridad náutica

El océano chileno es de una belleza imponente, pero también de un dinamismo implacable. En estas fechas de júbilo, es frecuente que el exceso de confianza nuble el sentido común.

Considero fundamental entender que el alcohol y el agua son una combinación fatal: ingresar al mar o intentar realizar deportes náuticos tras haber consumido bebidas alcohólicas adormece los reflejos, distorsiona el juicio y reduce drásticamente la capacidad de reacción.

Asimismo, debemos aprender a leer el mar; observar con atención las condiciones del swell y la fuerza de las corrientes de retorno no es paranoia, es respeto por la vida.

Cuidar de nosotros mismos y estar atentos a nuestros semejantes, especialmente a los más vulnerables, es el mayor acto de fraternidad que podemos ejercer en la playa. Si el mar se vuelve peligroso, la mejor decisión siempre será disfrutarlo desde la orilla.


La bandera chilena flameando frente a nuestra cámara en vivo en Matanzas.

La segunda clave responde a una ética elemental del cuidado ambiental

La playa es un patrimonio de todos y debemos hacernos cargo del impacto que generamos. Me parece inaceptable que la fiesta termine convertida en toneladas de basura abandonadas en la arena y los roqueríos.

La naturaleza nos da alertas constantes sobre este descuido; basta recordar lo sucedido tras los fuertes temporales en La Serena, en la Región de Coquimbo, donde el mar devolvió a la orilla miles de desperdicios que la propia ciudadanía había arrojado con desidia.

Esa imagen de la playa cubierta por nuestros propios plásticos y botellas fue un espejo despiadado de nuestra falta de conciencia ambiental.

Afortunadamente, también existen ejemplos inspiradores que nos muestran que otro camino es posible.

El trabajo de conservación y gestión comunitaria que se realiza en el Parque Punta de Lobos, en Pichilemu, es una muestra clara de cómo el respeto por el territorio, la protección de la biodiversidad y el manejo responsable de los residuos pueden convivir en perfecta armonía con el turismo y el deporte.

Punta de Lobos nos demuestra que cuidar nuestro entorno no resta libertad ni disfrute; al contrario, le otorga un sentido más profundo y sostenible.


Limpieza en el Parque Punta de Lobos. Foto: Parque Punta de Lobos.

Estoy convencido de que celebrar las Fiestas Patrias en la costa es un privilegio que exige madurez.

Mantener la seguridad dentro del agua y dejar la playa tan limpia como la encontramos son las verdaderas acciones que honran a nuestro país.

Este septiembre, celebremos con alegría, pero también con la conciencia de que cuidar nuestras vidas y nuestros ecosistemas es la mejor manera de decir: ¡Viva Chile!