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Entre el mar y el taller: la vida detrás de Gryner Surfboards

Bruno Aguilar
Lectura: 7 minutos

Charlamos con Mariano Gryner, fundador de Gryner Surfboards, sobre su recorrido en el surf y el arte de hacer tablas a mano. Desde sus primeros años en Miramar hasta perfeccionarse como shaper en Hawái, Mariano nos cuenta cómo fue metiéndose de lleno en este mundo y cómo sigue disfrutando tanto del agua como del taller. Con su base en Mar del Plata, fabrica tablas que reflejan un estilo propio, siempre fiel a su esencia. Además, nos comparte cómo la pandemia sacudió al surf y qué significa para él seguir apostando por este oficio en cada ola y cada tabla.


Mariano haciendo magia.

¿Cuándo empezaste a surfear y cómo era el surf en ese momento?

Siempre fui de vacaciones a Miramar, una ciudad costera a media hora de Mar del Plata. De chico me gustaba barrenar con los barrenadores de telgopor. Y bueno, cuando tenía 12 años, me pude parar sobre una tabla de surf vieja que compramos con mi papá. No era masivo para nada. Si bien veía gente grande surfeando, era bastante tranquilo. Aprendí a surfear en una rompiente que se llama Playa Honores, en Miramar. Es una playa bastante icónica, pero poco conocida. Era otra época: no estaba masificado, no había fotos, reportes ni videos, y mucho menos escuelas de surf.

Cuando yo arranqué, fue en el momento en que llegaron las primeras parafinas de surf, que nos fascinaban porque tenían perfume. Recuerdo que antes de eso comprábamos la parafina industrial en las ferreterías.

gryner surfboards
Mariano en Miramar, 1984.

¿Cómo empezaste a hacer tablas?

Me acuerdo que cuando compramos esa primera tabla, también me compré un kilo de resina de poliéster para repararla. Tampoco había información, era todo autodescubrimiento. No había videos ni revistas especializadas; había que arreglárselas. Busqué en las Páginas Amarillas y encontré un negocio que decía “Resina de poliéster”. Fui, compré, la catalicé y ahí me di cuenta de que era un plástico duro que servía para rellenar las tablas. Quizás en alguna revista importada había visto una foto de alguien reparando, pero no lo recuerdo bien.

Más adelante en los noventa hice varios viajes a Hawái, ahí ya hacía mis propias tablas de manera autodidacta. En esa época, todo esto era como un secreto: nadie te enseñaba nada, nadie te iba a dar un curso. De alguna manera tuve la suerte de conocer a Matt Kinoshita, de Maui, y con él pude perfeccionarme como shaper.

¿Te ocupás de todo el proceso de fabricación?

Sí, hago todo. No soy solo shaper, como se dice hoy. Además de shapear la tabla, la glaseo —la recubro con fibra de vidrio—, le pongo las quillas, la lijo dos veces y le doy el acabado final. También hago la estética. Me gusta poder abarcar todo el proceso con mis manos.

¿Qué te motivó a dedicarte a esto?

Más allá de que hoy pueda sonar glamoroso, dediqué casi toda mi vida a fabricar tablas, con todas las dificultades que eso conlleva. Requiere invertir dinero todo el tiempo, en un país como Argentina, con sus problemas económicos. Es satisfactorio cuando vienen a buscar las tablas y me cuentan que les fue bien, pero no deja de ser un trabajo sacrificado. Quizás en Instagram se ve fantástico, pero es un trabajo sucio y económicamente quizás no es lo mejor. Hoy en día los costos de producción están altísimos, y no solo en Argentina.

Es algo que te tiene que gustar mucho hacerlo...

Es una pasión. Yo estoy embarcado hace muchos años con esto, no me pasaría por la cabeza salir a buscar otro trabajo


Una foto que habla por sí sola. Fabricar tablas no es para cualquiera.

¿Qué significa para vos fabricar tablas?

Después de tantos años, siento que fabricar tablas a mano es algo groso. Es de los pocos productos en el mundo que se hace de forma tan artesanal, con tantos detalles y dedicación. Creo que se debería valorar más por la naturaleza del proceso. Hoy, con la tecnología CNC, cualquiera que pueda invertir dinero puede hacer tablas con máquinas.

¿Qué tipo de tablas te piden más?

Voy siguiendo la tendencia. Hace unos años, los chicos empezaron a buscar tablas más grandes con flotación. Hago muchos funboards, minilongboards y longboards. Hay muchos principiantes que arrancan con estas medidas, y otros que ya surfean, pero buscan algo más relajado y fácil.

También hago tablas cortas y he hecho un montón, pero ahora la tendencia es hacia tablas más grandes. Por suerte, siempre me especialicé en ese tipo de tablas.


Stock de tablas Gryner Surboards

¿Qué estilo le das a las tablas?

No me gusta copiar otros diseños, trato de tener mi propio estilo. Me traigo telas hawaianas que lamino en las tablas, y les pongo un filete. También he hecho muchos trabajos de resina a color, pero ahora no tanto porque encarece mucho la tabla. Me mantengo en una línea old school. No tan retro de los años sesenta, pero sí con una estética de los noventa y 2000. Me encanta trabajar con telas hawaianas.


El arte hawaiano, uno de lo sellos de Gryner Surboards.

¿Notaste un aumento en la demanda durante la pandemia?

Sí, apenas terminó la pandemia, hubo mucho entusiasmo por volver al agua. Se sintió un gran impulso en la demanda de tablas, y durante un tiempo el taller estuvo lleno de trabajo. Aunque ese boom fue pasajero, lo positivo es que hoy en día hay más interés por el surf.

¿Cómo fue la situación durante la pandemia?

Acá el surf estuvo restringido mucho tiempo. El día que se levantaron las restricciones, hubo olas buenísimas en Playa Grande, la principal de Mar del Plata. Fue un loquero, nunca se había visto algo así, ¡y era pleno julio!

¿Dónde tenés tu taller?

Estoy a dos cuadras de la playa Bahía del Faro también conocida como La Maquinita. En verano la playa se llena de gente, pero en invierno las olas son más fuertes y se hace más difícil. Mar del Plata tiene muchas playas, así que los chicos van y vienen buscando su lugar.

Mi taller tiene unos 100 metros cuadrados, y todos los días le meto un poco. Si hay olas, primero voy al agua y después al taller. Como trabajo solo, los tiempos de producción se pueden dilatar. Hago una cantidad limitada de tablas porque, bueno... tengo dos manos.

¿Seguís surfeando?

Sí, es fundamental. Si no surfeás, te oxidás.

Algunos shapers dicen que no tienen tiempo para surfear...

Sí, pero es importante no perder la esencia. La mayoría de los que fabricamos tablas empezamos porque surfeábamos. Si dejás de surfear porque tenés demasiado trabajo, ¡suerte con eso! Si es por un problema físico, bueno, es otra cosa. Pero nunca hay que olvidar por qué empezaste a hacer tablas.

¿Cómo elegís cuándo surfear?

No suelo ir cuando las olas están muy anunciadas y las playas se llenan. Por suerte, la playa frente a mi taller no es tan popular. A veces puedo meterme en invierno y estar prácticamente solo. Prefiero eso a ir a Playa Grande y competir con 80 personas. Ya no me interesa competir en el agua.


Mariano surfeando en Mar del Plata.

Conclusión

La historia de Mariano Gryner muestra que el surf es mucho más que un deporte: es una forma de conectar con uno mismo y con el entorno. Entre el mar y su taller, Mariano sigue apostando por un oficio que requiere dedicación y amor por los detalles. A pesar de los cambios y desafíos del mercado, mantiene su esencia y disfruta cada proceso, desde fabricar una tabla hasta salir a surfear.