En una era donde el humor se convierte en un refugio frente a la adversidad y en una herramienta de conexión, la vida de un artista que combina el arte de hacer reír con la pasión del surf se transforma en un relato fascinante. En esta entrevista, exploramos la vida de Nicolas, o mejor conocido como El Payaso Abelardo, un malabarista y payaso que, además de divertir a su público, encuentra en el surf una forma de sobrellevar la cotidianidad. Desde sus anécdotas en el Día de los Muertos en México hasta la emocionante experiencia de surfear disfrazado, descubrimos cómo el humor y el deporte se entrelazan en su vida, creando un camino lleno de risas, superación y una profunda conexión con la naturaleza.

El Payaso Abelardo en la pared de una izquierda.
¿Cómo enriquece el humor tus experiencias en la vida y en el surf?
Yo creo que el humor en general enriquece o por lo menos nos ayuda a atravesar mejor las distintas experiencias de la vida. Más allá de trabajar o no con el humor, observó que en general a cualquiera le sirve el humor como para atravesar situaciones. A mi puntualmente, el hecho de ser conocido en Necochea, cuando me meto al agua a surfear, creo que me ayuda un montón el hacer reír a la gente, que me conozcan por el trabajo que hago, porque me genera muy buena onda en general con los compañeros en el agua.
¿Conectas de alguna manera tu pasión por el surf con tu trabajo?
No sé si lo conecto directamente; hago mucha referencia en general al surf durante mi trabajo, o por lo menos personalmente cuando hablo con un montón de gente y creo que en lo que se conecta, o se parece es que el surf y los malabares o los equilibrios difíciles, que son los que hago en mi espectáculo, tienen algo que sin dudas para poder lograrlo uno tiene que trabajar con el tema frustración. Para aprender a hacer malabares, para aprender a andar en monociclos, son un montón de veces que uno tiene que intentar, sin saber si va a lograr algún truco o si le va a salir algo y creo que el surf tiene eso también. Realmente una vez que uno está surfeando y que está cómodo, parece tan fácil pero al principio tiene una dificultad y necesita que uno realmente se predisponga y trabaje con la frustración de caerse 400 veces, y es lo mismo con los malabares, así que en ese sentido sí lo veo muy conectado.
¿Tenés alguna anécdota que involucra el surf y/o tu profesión?
Tengo un millón de anécdotas relacionadas con mis espectáculos. Recuerdo una en México, el Día de los Muertos, el 2 de noviembre. La gente se disfraza y camina por las calles vestida como en Halloween, en modo "muertos". Me pidieron que realizara una función en una peatonal, donde había un escenario y se celebraba todo un festejo por el Día de los Muertos. Fue la primera vez que vi a todos disfrazados. Generalmente, yo soy el que va disfrazado mientras el público está vestido de civil. Fue impresionante trabajar con un público que también estaba disfrazado, participando con entusiasmo. No estaban actuando, simplemente se disfrazaban como parte de su tradición. Esta anécdota está profundamente grabada en mi memoria, especialmente al ver a toda la gente vestida de muertos, aparentemente con sangre.
En cuanto al surf, este año tuve una experiencia que, aunque enriquecedora, fue traumática en su momento. Un día con grandes olas en Quequen, donde vivo, había baja marea y las olas eran enormes. Mientras intentaba filtrar, después de haber agarrado una ola, quise pasar por debajo de la ola sin la tabla, porque venía muy grande. Me golpeé la cara contra las piedras; casi muero literalmente, y me quedó un pedazo del cráneo expuesto. Fue una situación que me hizo comprender lo que significa que el surf es un deporte de riesgo. De verdad corrí peligro por mi vida y tuve que salir, completamente sangrando y solo. Esta experiencia me ha marcado profundamente. Sobrevivir y ver las imágenes de ese día y de los días siguientes, cuando me fui curando, me impactaron significativamente.
¿Cómo fue la experiencia de surfear disfrazado de payaso?
La idea de surfear disfrazado de payaso surgió al recordar que un colega malabarista, que también surfeaba, había hecho un video en el que hacía malabares arriba de una tabla. Pensé: "Yo también podría surfear disfrazado de payaso, con mis zapatos de payaso y todo el vestuario". Si hay alguna anécdota relacionada, es que fue en invierno y hacía un frío tremendo. Tenía las manos congeladas porque fui sin guantes para que se viera mejor. Sin embargo, debajo de los zapatos de payaso llevaba botas de neopreno y, bajo el disfraz, tenía un traje de neopreno. La idea surgió porque un amigo tenía un dron y decidimos filmar.
La verdadera razón para hacer este video es que empecé a hacer de payaso porque, desde muy joven, viajaba buscando olas hace más de 20 años. Durante uno de esos viajes de mochilero, conocí a un malabarista que me enseñó a hacer malabares y cambió mi vida. Antes estudiaba ingeniería, pero trabajar como payaso me llevó a mudarme a Necochea, donde siempre me había metido al agua porque mi papá es de ahí. Actualmente, vivo en Quequén, Necochea, y surfear se volvio parte de mi vida. Es decir, el surf me conectó con mi trabajo como payaso y este, a su vez, me llevó a vivir en la costa, ya que antes vivía en Lomas de Zamora. Sentía que todo estaba tan conectado que lo único que me faltaba era surfear disfrazado de payaso. Ahora estoy pensando en la posibilidad de recrear ese famoso video del colega del circo Marisco, que consiste en hacer malabares sobre una tabla de surf, y espero poder hacerlo pronto.
¿Hay algún mensaje más profundo detrás de esta locura o simplemente querías hacer reír a la gente? Si es así, ¿qué esperabas transmitir con este video?
El video surfeando vestido de payaso tiene un mensaje en mi Instagram: “me dijeron que no podía”, pero eso lo inventé para tener una excusa. En realidad, creo que el surf es un deporte increíble, donde se encuentra una conexión con la naturaleza. Cuando surfeamos, nos despejamos de la realidad; no podemos estar en el celular y, de repente, pasamos dos o tres horas en el agua, desconectados de lo que está pasando afuera. Creo que uno se transforma a nivel físico y mental, porque empieza a preocuparse por conectarse con la naturaleza, las mareas y los días con olas. En ese sentido, todo lo que hago relacionado con el surf en mis redes tiene que ver con incentivar a la gente a que se anime a practicar este deporte. Aunque, en mi opinión, no es solo un deporte, es una pasión, es una forma de vivir. Hay momentos en que tu vida se convierte en revisar todos los días el windguru o alguna cámara para ver cómo están las olas. Por lo tanto, creo que los videos que hago sobre surf tienen como objetivo motivar a las personas a surfear. Y, por supuesto, hacer reír es mi pasión y es de lo que vivo.
¿Qué le dirías a alguien que está pensando en hacer algo “loco” o divertido, como vos?
Siempre digo que se animen a hacer cualquier cosa que sea loca o divertida, independientemente de si sale bien o no. Recuerdo que una vez hice un espectáculo en una playa y me prestaron un longboard para meterme al agua y tratar de hacer malabares. El espectáculo se llevaría a cabo a 100 metros de la línea de agua, y era verano. Decidí que iba a hacer malabares y le dije a la gente que el número final sería en el mar. Me metí vestido de payaso; no es la primera vez que lo hacía. Sin embargo, el longboard tenía la punta curvada hacia abajo y se clavaba, así que no pude realizarlo. En el video se puede ver cómo estoy durante 10 minutos frente a la gente, intentando sin éxito, y la verdad es que la sensación de haber intentado ya superó el hecho de que no logré realizar los malabares.
En contraste, el video que logré hacer, que incluía varias tomas, fue editado y preparado para que saliera bien. La sensación al realizar algo impensado, como decidir, en pleno invierno, ponerme un traje de neopreno y las botas—considerando el peso que eso implica para surfear—y además ponerme los zapatos de payaso y maquillarme, antes de ir a la playa con mi amigo que tenía el dron, fue increíble; había gente mirando que no podía creer lo que estaba haciendo. Después de haber completado el trabajo, la sensación es hermosa. Así que hay que animarse.
Conclusión
Así, el viaje del humorista y surfista no solo es un testimonio de la resiliencia humana ante las dificultades, sino también un recordatorio del poder del humor como vehículo de conexión y superación. A través de sus vivencias, aprendemos que el surf, más allá de ser un deporte de riesgo, es una magnífica metáfora para la vida, llena de caídas y levantadas. Desde su primera ola hasta su experiencia en el mar vestido de payaso, cada anécdota refleja su deseo de inspirar a otros a abrazar lo inesperado. En un mundo que a menudo puede parecer sombrío, él muestra que un poco de locura, una buena risa y la búsqueda de la aventura son elementos esenciales para vivir plenamente. Su mensaje es claro: atreverse a ser uno mismo, reírse de la vida y disfrutar del viaje es, sin duda, la mejor manera de surfear las olas que nos presenta la vida.