Compartir

Cuchilla Alta: qué sucedió y qué medidas se evalúan tras el video viral

Bruno Aguilar
Lectura: 7 minutos

El reciente video captado por nuestra cámara en vivo en Cuchilla Alta el sábado pasado —donde una lancha pasó por encima de una surfista, que logró sumergirse a tiempo y resultó ilesa— se viralizó rápidamente y fue replicado por distintos medios nacionales.

El episodio reabrió el debate sobre la convivencia entre embarcaciones y surfistas en una playa que, desde hace décadas, combina ambas actividades.

En ese contexto, circularon versiones y afirmaciones inexactas sobre el funcionamiento del lugar, entre ellas que Cuchilla Alta no sería una zona habilitada para la navegación.

A partir de esta discusión pública, recogimos los testimonios de los protagonistas y del presidente del Club Náutico y de Pesca de Cuchilla Alta para aportar información precisa y contribuir a una convivencia más segura en el agua.

¿Cuchilla Alta es una zona permitida para embarcaciones?

Sí. Cuchilla Alta es un sector donde históricamente se desarrollan actividades náuticas y de pesca, y donde funciona desde 1968 el Club Náutico y de Pesca local, una institución clave en la vida del balneario.

Además de ser reconocida por el surf —con una ola izquierda de recorrido largo y secciones suaves, que convoca especialmente a longboarders y surfistas principiantes en busca de olas divertidas—, la playa es también un punto de referencia para la navegación costera y la pesca artesanal.

Esta superposición de usos, que forma parte de la identidad del lugar desde hace décadas, es precisamente la que vuelve imprescindible la coordinación, la señalización y el respeto de las normas para que todos puedan compartir el agua de forma segura.


Cuchilla Alta. El pointbreak de izquierda es uno de los spots más concurridos de la Costa de Oro. Foto: Olas del Uruguay.

¿Qué fue lo que ocurrió? El relato del conductor y la surfista

Jorge Camacho, pescador y conductor de la embarcación involucrada, señaló que cuenta con más de 30 años de experiencia en navegación y que forma parte de la comunidad pesquera local. Según su relato, el bote no perdió el control y logró frenar a tiempo mediante una maniobra evasiva.

“De frente a la proa venía una gurisa en una tabla. Saqué el cambio y aceleré el motor en reversa para evitar lastimarla. Eso fue lo que hice”, afirmó.

Camacho sostuvo que su experiencia fue determinante en la maniobra. “Si hubiese sido una persona sin experiencia o con un motor menos potente, no la hubiera frenado. La pude frenar porque el motor tiene reversa y es nuevo, y porque estoy permanentemente en todos los detalles”.

También negó que la embarcación hubiera tomado una ola antes del episodio:

“La lancha no toma la ola en ningún momento. Frené cuando vi que iba a colisionar. La chica siguió remando hacia el rumbo encontrado”.

El conductor reconoció además que la repercusión pública lo afectó. “Se habló mucho de mi persona y no me hizo nada bien. Me dejó indignado, porque evité una situación negativa y se dijo lo contrario. La gente comenta por falta de conocimiento, y eso duele”.

Por su parte, la surfista relató la secuencia desde su posición en el agua.

“Yo estaba remando y delante mío venía una ola, así que perdí completamente la visibilidad. Cuando pasó la ola, vi que la embarcación se me venía encima. En ningún momento la había visto; si no, claramente no habría remado en esa dirección”.

Según explicó, cuando advirtió la proximidad de la lancha ya estaba a escasos metros. “Cuando la vi, estaba a unos pocos metros. No hubo tiempo de reaccionar, fue todo muy rápido. Lo único que atiné a hacer fue soltar la tabla y sumergirme”.

Respecto a la ubicación, sostuvo que la embarcación circulaba más hacia el sector del muelle. “Desde donde yo estaba, venía bastante hacia la izquierda, y no por el sector por donde suelen pasar, que es más hacia la derecha”.

En relación a la señalización, agregó: “En temporada colocan unas cuerdas con envases plásticos transparentes para marcar el paso, pero estaban bastante alejadas de donde yo estaba. Por eso me dio la impresión de que la lancha venía más corrida de lo habitual”.

La surfista también planteó la necesidad de mejorar la señalización para evitar situaciones similares. “Me parece fundamental que haya boyas o algún sistema que marque bien el sector de ingreso y egreso, para que sepamos dónde no ubicarnos”.


Actualmente, la zona está señalizada con envases plásticos como boyas.

Un club histórico y una zona náutica

Darío Lorenzo, presidente del Club Náutico y de Pesca de Cuchilla Alta, recordó que la institución existe oficialmente desde 1968 y que la presencia de embarcaciones forma parte de la identidad del balneario desde mucho antes.

“Primero se creó la guardería, que tiene 36 boxes, y luego la planta alta. Hay toda una historia que arranca desde los años cuarenta. Oficialmente, el club existe desde 1968. Fue una zona de lanchas y embarcaciones desde toda la vida”, explicó.

Según Lorenzo, el crecimiento del surf en los últimos años plantea nuevos desafíos organizativos:

“El recorrido de las tablas de surf es transversal a la salida de las embarcaciones. Como institución apostamos a la integración y a la convivencia, con sus limitaciones. Ahí es donde entra la coordinación”.

El presidente del club subrayó que el foco debe estar en la educación y el orden:

“A medida que aumenta la población, la superficie se vuelve chica para la cantidad de gente que llega. Tenemos que convivir de la mejor manera posible. Para eso tiene que haber educación: para surfistas y navegantes. El aspecto educativo disminuye los riesgos”.


El Club Náutico y de Pesca forma parte de la identidad de Cuchilla Alta.

Las propuestas para mejorar la seguridad en el agua

Todos los entrevistados coincidieron en que la convivencia entre surf y embarcaciones requiere reglas claras y mejor organización, especialmente en temporada alta.

“Prefectura está hablando de hacer un boyado como hay en Piriápolis o Punta del Este, para que las maniobras se realicen dentro de ese sector”, detalló Lorenzo.
El propio club se ofreció a financiar parte de esas mejoras:

“El boyado va a ser una realidad. El club va a poner el recurso financiero. También vamos a comprar un megáfono con sirena para avisar cuando entra una embarcación: ‘aguanten un poquito que entra la lancha y después sigan’”.

Educación antes que confrontación

Lorenzo insistió en que el episodio debe tomarse como un aprendizaje colectivo: “Nuestra intención es apuntar a la integración, no a la confrontación. Estas cosas adversas nos tienen que unir más para que no vuelvan a pasar”.

Y agregó: “El club es náutico y de pesca, y el surf también forma parte de la náutica”.

El rol de los surfistas en la convivencia

Surfear también implica estar atentos al entorno. Cuidarse y cuidar a los demás forma parte de la cultura del mar. Si alguien no advierte una situación de riesgo, advertirla o explicarla también es parte del compromiso colectivo para que el agua siga siendo un lugar seguro para todos.

Muchas veces, incluso entre surfistas la convivencia puede volverse compleja, especialmente en playas concurridas como Cuchilla Alta en temporada alta. Por eso, respetar al otro y conocer los códigos del surf es clave.

Aprender a surfear no es solo pararse en la tabla: también es comprender la dinámica del lugar donde se surfea y convivir en el agua, incluyendo otras actividades que forman parte del mismo espacio, como la pesca o la navegación.

Un antecedente reciente en Chile y la importancia de la organización

El debate sobre la convivencia entre surfistas y embarcaciones no es exclusivo de Uruguay. El año pasado, en Chile, la surfista Javiera Ortiz, de 34 años, falleció tras ser embestida por una lancha de pescadores artesanales en la playa Rinconada de Taucú, en Cobquecura, región del Ñuble.

A diferencia de lo ocurrido en Cuchilla Alta, en ese episodio la mujer se encontraba cerca de la orilla, saliendo del agua. El impacto se dio cuando una embarcación que se dirigía a la playa a alta velocidad para varar no advirtió su presencia. Allí, no había boyas, bocinas u otros sistemas de aviso.

Ese antecedente es un ejemplo de por qué la señalización y los mecanismos de advertencia son fundamentales en playas de uso compartido, justamente para evitar situaciones de riesgo y fomentar una convivencia segura en el agua.