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Crónicas del Pacífico: Ecuador

Bruno Aguilar
Lectura: 5 minutos

Luego de cinco semanas en Perú, llegó el momento de pasar a la siguiente etapa del viaje: Ecuador.

El 6 de julio llegué a Ecuador. Si bien ya tenía claro que no era el mejor momento del año en cuanto a surf, igualmente no podía dejar de ir. Ya estaba muy cerca, y era un país nuevo que tenía muchas ganas de conocer.


Atardecer en Montañita.

Cuándo ir a surfear a Ecuador

Si buscas en las guías de surf en Ecuador, todas van a decir que la temporada alta para surfear allí es de diciembre a abril, así como también la temporada media (noviembre, mayo).

Durante estos meses se pone realmente bueno, con viento de tierra todos los días y los swells potentes del pacífico norte llegando de forma limpia a la costa.

Además, durante esta época los días suelen ser soleados, mientras la lluvia se reserva para la noche.

Pero este no fue mi caso. Llegué en pleno mes de julio, sabiendo que era temporada baja, pero con la seguridad de que algo de olas tenía que haber. Después de todo, es el Pacífico.

El viento siempre estuvo onshore. Esto significaba que por las mañanas siempre era el mejor momento. Al mediodía ya se soplaba, sin embargo en los días menos ventosos salía un movido.

Sumado a esto, los swells tampoco fueron la gran cosa. La mayoría de los días fueron de surfear olas relativamente chicas y movidas, que luego de haber estado más de un mes en Perú, fue como volver a sentirme en casa.

El clima y el fenómeno de El Niño

Como ya les conté en los post anteriores, el clima este año ha sido muy inusual en todos los países. En condiciones normales, durante los meses de julio y agosto, la costa ecuatoriana es fresca, gris y está dominada por la "garúa": una llovizna fina y persistente causada por la Corriente de Humboldt.

Este año en Ecuador fue diferente: el agua estaba más caliente de lo habitual, y la mayoría de los días fueron soleados. Un golazo.


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Montañita: primera parada en Ecuador

Elegir Montañita como punto de partida en Ecuador fue una decisión bastante fácil. Es quizás el lugar más conocido y queda cerca de Guayaquil.

Montañita fue mi hogar durante dos semanas. Es un pueblo que podés vivirlo de diferentes formas: podés elegir la locura de las discotecas en el centro, o relajarte y concentrarte en el surf en La Punta.

Claramente elegí la segunda opción. Allí me quedé en el hostel Casa del Sol, que sinceramente lo pongo como el mejor hospedaje de todo el viaje. Está al lado de la ola, en una zona tranquila y segura y tiene un buen desayuno incluido. Una relación calidad-precio absurdamente buena. Si vas a Montañita, esa es mi recomendación de hospedaje.

Volviendo al tema del surf, la ola de La Punta es la más icónica de Montañita. Es un point de derecha con fondo mixto de piedras y arena. En sus días buenos, esta ola ofrece un recorrido largo, con secciones tubulares al comienzo, para luego abrirse gentilmente hacia la arena.

Pude surfearla los primeros días por la mañana, sin viento y con un lindo swell. El resto de los días casi que no funcionó y me tiré en el beach break más al medio de La Punta.

Otro spot donde estuve varias veces fue Olón. A unos pocos kilómetros hacia el norte de Montañita, es un beach break bien extenso, con muchos picos a lo largo de toda la playa. Lo vi con muchísimo potencial, pero el viento y la falta de un buen swell no ayudaron. Sin dudas es un gran lugar para ir cuando las condiciones acompañan.

Y así pasaron dos semanas en las cuales las olas no fueron de primera, pero igual se disfrutó. Si bien el motor de este viaje es el surf, las personas que he encontrando en el camino y todo lo que ha sucedido fuera del agua han sido igual de importantes.

ecuador surf
Olón, un beach break divertido al lado de Montañita.

Ayampe: un lugar mágico

Luego de Montañita, me dirigí hacia Ayampe, un pequeño pueblo costero a una media hora hacia el norte.

Varias personas me advirtieron de que iba a ser un embole, que no había nadie, que no iba a aguantar una semana. Pero la verdad es que me gustó mucho y terminé quedándome tres semanas. El clima también ayudó; con la garúa típica del lugar hubiese sido un poco más complicado.

Me fui de Ayampe con muy buenos recuerdos. Simplemente era un lugar donde me sentí muy bien.

Tiene esa mística de pueblito, que podés encontrarte con un desconocido en la calle o en un comercio, y quedarte un buen rato conversando. La playa es muy linda y los atardeceres espectaculares. Y todo a pasos de la ola. ¿Qué más se puede pedir?

Sin dudas, es un lugar al que quiero volver. Pero esta vez, con mejores olas, claro.


Salía la olita en uno de los tantos atardeceres mágicos en Ayampe.

Surfear en Ayampe

En comparación a Montañita, Ayampe recibe mucho más swell. Entonces siempre salía una ola. Solo hubo algunos días en los que el mar estaba pasado y se transformaba en un cerrón gigante a lo largo de toda la playa.

Es un extenso beach break de arena, con un montón de picos. En temporada alta, con los bancos bien arenados y el viento terral, se pone muy muy bueno. Además, es un excelente lugar para hacer base y recorrer otras olas de la zona, que también son de muy buena calidad.


Una foto que me sacaron surfeando en Ayampe.

Dónde quedarse en Ayampe

Durante toda mi estadía me quedé en Las Golondrinas (les recomiendo la entrevista que le hicimos a Gero Usuna, cofundador). Tenía el presentimiento de que iba a ir a un lugar surfer, y no falló. No solo está a tan solo pasos de la playa, sino que allí estaba Gastón, encargado del hotel, con todos los piques de olas en la zona y miles de anécdotas de surf por el mundo. Un crack.


A pasos de la ola está Las Golondrinas, que además de hotel tiene restorán.

Así concluye otra etapa de este viaje por el Pacífico.

Estas cinco semanas en Ecuador fueron suficientes, y ya es hora de partir al siguiente destino. Ahora tocará subirme de nuevo a un avión, esta vez rumbo a Costa Rica.